DESMEMORIADOS, ANIMALES…

Hoy estaba oyendo el parte, como decía mi abuela Soledad, cuando me ha llamado la atención un encabezado: “Han sido liberadas unas prostitutas que eran explotadas en condiciones infrahumanas”. Y yo me pregunto si pueden ser explotadas en condiciones humanas, o si la prostitución es un trabajo donde las mujeres pueden o no ser explotadas.

Me doy cuenta de que los redactores son pelín cortitos y que hay que alargar las frases para que los que leen los noticieros rellenen el espacio asignado. Y el lenguaje sigue prefigurando el paisaje que queremos describir, para condicionar los matices; para que sean más importantes que el cuerpo de la noticia.

La prostitución es el negocio más antiguo del mundo. Y, por mucho que algunos medios publiquen lo contentos que están algunos sujetos de ejercerla y que ellos son un servicio público, yo no dejo de pensar que la gran mayoría de las personas que son obligadas a ejercerla lo hacen contra su voluntad. Me parece ridículo remarcar la idea…

Tengo un amigo que fue portero en un puticlub, palabro que es políticamente incorrecto; y me contaba que el jefe le “dejaba” una antes de abrir la puerta a las 17:00 porque estaban “limpitas”. Y me contaba que lo mismo entraba un camionero ucraniano, que un director de banco que un pastor recién llegado del monte… Me lo pinten como me lo pinten, no me parece que a ninguna mujer le guste que un desconocido la sobe contra su voluntad.

No pienso humanizar lo que es brutalidad, animalidad sujeta a la demanda mercantil. Cuando veo en los telediarios los vídeos de redadas en clubes de carretera, no veo nada divertido, nada que sugiera dignidad.

Sólo es una prueba más de que, aquello que no nos hace más humanos, más fraternos, nos hace bestias, bárbaros, atroces, descerebrados, instintivos, desmemoriados, animales…

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