A QUIEN MUCHO SE LE DA…

Hablando un ratillo, salió en la conversación una frase que tiene algunas interpretaciones que pueden llegar a ser contrarias. La frase en cuestión es: “A quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más.” Lucas 12, 48b.

Decía mi interlocutor que no le gustaba la frase, pues parecía una amenaza, ni el miedo que inoculaba.

Y a Costeau se le dio la oportunidad junto a Gagnan de experimentar las profundidades del mar. Quizá lo habrían hecho otros pero, ¿y si no hubieran inventado la escafandra autónoma? A los hermanos Wright, la constancia ante el fracaso los acercó a Icaro. ¿Quién se acordaría de ellos? Al inventor del cepillo de dientes, de los herretes de los cordones de los zapatos, de la hebilla de las latas de refresco, del hojal; del arroz con leche y la fabada asturiana…

Yo creo que, cuando la Palabra de Dios dice eso, está advirtiendo de que, si no hacemos y vivimos en función de lo que creemos y somos capaces, estamos malversando nuestra existencia: Cuando nuestra vida habría de ser en 4k, la vivimos en blanco y negro.

Y se nos pedirá más, mucho más, a cuenta de todas las oportunidades que tuvimos y desperdiciamos. Eso es el infierno: Haber podido y no haberlo hecho. Por eso, la palabra, que es Dios amor por definición, nos avisa: Es mucho mejor vivir la vida como si no hubiera un mañana, caminar como si tuviéramos pies, mirar de otro modo y amar como si fuera la única manera de dialogar.

Por eso, si mucho amor recibiste, mucho amor has de dar; he de dar.

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