FEOS

special thanks to Richard Avedon

Me lo pueden vestir de seda. Pero creo que es así. La disposición que impera en nuestra sociedad lo demanda. Una tiranía que sojuzga todo intento de rebelión bajo un fingida pátina de libertad.

Y sí: Hablo de la belleza a la que todos hemos de rendir pleitesía. Ofrecer nuestras dádivas a la diosa Afrodita, Venus en romano; con sus diezmos encarnados en maquillaje, modas y temporadas perfectamente secuenciadas en rayas, topos, cuadros: Todo tipo de cuerpo geométrico sometido a sus irrelevantes leyes para sacarnos los cuartos y llenar nuestros armarios de lo mismo, cada cierto tiempo.

Estar buenísimo bajo los cánones de belleza. Lucir perfectos: Pongan ustedes todas aquellas cosas que la divina olímpica nos exige.

Y cuidado: Tenemos que comer lo que su hermana pequeña, Santa Publicidad, nos vocea en todos los idiomas y por todos los medios para que consumamos hasta el hartazgo. Delgados, guapos, comer de todo hasta reventar, beber como si fuéramos dromedarios, gastar como si nos sobrara el dinero… Pero bellos.

No importa que seamos feos por dentro. Si soy feo por fuera, puedo vestir la seda del comienzo y disimularlo. Pero no se puede ocultar mucho tiempo la fealdad que supone no haber trabajado los valores que hacen que lo que vive dentro sea más bello y duradero que lo que se ve a los ojos de cualquier vecino.

Catetos, como un bocadillo de bellotas; bastos como un chaleco de esparto, vacíos como un libro en blanco; con un exiguo vocabulario del que los tacos ocupan el 78%, los insultos el 39%… Nos damos cuenta que las cuentas no salen…

Horrendos, hediondos, con caspa hasta en el carnet de identidad; pero a la moda. Con una sonrisa que deslumbra a Aldebarán, pero que muere de halitosis. No sigo. Me apetece seguir desarrollando la idea, pero sería redundante.

Los feos por fuera que usan gafas porque las necesitan, nos muestran que  seríamos interesantes si cultiváramos el interior, empapelando de poemas  el alma, ilustrando las paredes del corazón de fotos en blanco y negro: Y en color de la vida de otros y no sólo de nuestro ombligo.  Tratan a la gente como quisiéramos ser tratados.  Miran hacia afuera desde lo profundo. Nunca saldrán en programas del corazón ni en revistas de cotilleos pues sus sonrisas no son esplendentes: Pero son verdaderas.

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