BOZALES

Una vez escuché que había un pueblo en el que, cuando aparecía un lumbrera, se le hacía el vacío hasta secarlo. Una mente preclara podría poner en evidencia las mediocridades de la aldea. Es mejor quemarse todos bajo el sol que haya un árbol frondoso bajo el que cobijarse y conversar. Donde encontrarse y crecer…

Y creo que, culturalmente, es relajante saber que hay mucha gente como tú: Con la misma falta de inquietudes, los mismos gayumbos y los mismos planes para el fin de semana. Con iguales o peores hipotecas que la tuya y la misma esperanza de vida. (con idéntica calidad)

Pero algo nos hermana de una manera genética: Nos vincula de un modo arcano. Y es esa humana manía de creer. Cuando la estadística te intenta poner una correa en el cuello al confirmar que no hay datos que avalen que un hombre pueda ser solidario gratuitamente. O el familiar, del que suponemos nos quiere, que nos advierte que “en nuestra familia nunca hemos cantado bien” cuando sabes que tu voz vale la pena ser alzada; y sientes el nudo de horca atenazando la traquea, sin poder tragar, con un hilo de voz.

Los que, tras un testado test, gravemente comunican que nunca serás nadie, que tendrás dificultades para conseguir cualquier académico objetivo porque no cumples con el baremo de un estudio que blableblibloblú… Y el collar de castigo, que condura el adiestramiento aprieta un poquito más cada día.

Y, si no es suficiente, está el bozal: Maravilloso artilugio que evoluciona con el tiempo y que, su principal función, es que no puedas articular palabra. Y la palabra es la encarnación de la idea. Y la idea es la prueba indiscutible de una vida que no se rinde: No dobla la rodilla; es la sangre que brota en la herida que grita que estoy vivo.

Un rugido es apenas una queja. No se puede morder, defenderse, atacar cuando tienes un bozal. Y aprietas los dientes durante años hasta rompértelos: Por las mañanas te levantas con dolor en la quijada. Porque, ni aún de noche, el bozal deja de apretar…

Hasta aquí la descripción. A partir de aquí, la esperanza. No escucharé jamás a esclavos que hablan de libertad, ni avezados viajeros que nunca salieron de casa. No volveré a usar paraguas bajo la lluvia. A partir de hoy, seré todo lo que puedo ser.

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