JUSTICIA

Hoy, que las noticias nos hablan de como la justicia no es ciega; hoy, que se evidencia cuán distintos son los grupos que ideológicamente aglutinan al conjunto de jueces; sí: Esos que han de impartir justicia se alinean en bandos dependiendo de la ideología.

¿Eso es prevaricación? Porque la justicia ha de ser ciega, imparcial, sin miedo a las consecuencias que puedan derivar en grupos de presión, lobbies y cosas por el estilo. Me horroriza la idea de que haya jueces conservadores. Y, otros, progresistas. Así nos encontramos que, dependiendo de la brújula moral del juez, un hecho será punible o no. El individuo, la unidad mínima social, la más pequeña célula del tejido de la humanidad, no es tenido en cuenta: Es sólo circunstancial.

El individuo es prescindible como hecho. La jurisprudencia, construida por la ingente cantidad de sentencias dadas dependiendo del hecho juzgado, nos autoriza a pasar por encima del uno y extrapolar. Una vez pasado por el tamiz de la estadística pasa por el colador ideológico del juez. Y ya está.

Antiguo, sí: Pero el hombre es la medida de todas las cosas. Es por ello que hay que comprender, calzar los mismos mocasines para saber porqué camina así, comer de su plato… Y amarlo como a uno mismo. Quizá, si se cumpliera alguna de las premisas citadas, sería posible que lo que es aberrante para un conservador o un progresista, sería contemplado con los ojos de la misericordia que, por si no lo sabéis, se ríe del juicio.

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