SIN GUIÓN

Se abre el telón. Un niño, o una niña, nace. Todo lo que nos han contando nos parece que es verdad. El dolor del parto parece perderse como en un punto de fuga, en la lejanía de hace un par de minutos, que son siglos a la luz de la mirada del recién nacido.

Noches de insomnio, llantos, cacas, pises, paseos, risas, juguetes… La verdad es que la maternidad es maravillosa: Cuando duerme el crío. Y no te lo habían dicho, pero esto acaba de empezar.

La niñez con todas sus alegrías: Brechas, golpes, amigos que te dan con un palo; cariños extremos que se vuelven luchas, colegios; profesores para olvidar y maestros para recordar. Actividades extraescolares…

Y puedo seguir con la secuencia cronológica. O puedo ir a lo que os quería contar:

Cuando camino por la calle veo niñas empujando carritos, abuelos haciendo lo mismo; mujeres divinas haciendo lo propio con un marido acorde con su divinidad. Parejas con zapatos viejos caminan de la mano. Sus ojos no se miran y cuentan las losetas del suelo. Ancianos y ancianas al sol, esperando que llegue la hora de comer. O cualquier hora. Tienen todo el tiempo para despilfarrar.

No nos contaron que la vida no se ajustaba a un guión en el que éramos felices siempre. De hecho, si vemos a alguien siempre feliz, le aconsejamos que vaya al siquiatra. No. La felicidad es un bien excepcional que nos hace buscarla como el oro en las bateas, en los ríos… No valdría nada si fuera un bien de consumo como los yogures desnatados.

Lo que sí quiero decir es que todos tenemos derecho a la felicidad. A ser acompañados por alguien que nos aprecie; nos hable cuando lo necesitemos, aconseje cuando nos equivocamos. Nos mire a los ojos y ame lo que ve y lo que no, pues viven dentro los recuerdos y las experiencias que hicieron de la vida algo que vale la pena ser vivido.

Sin guión. No habrá quien nos garantice una vida de cuento. Porque son unos cuentistas quienes nos lo han vendido así. No hay profecía que me garantice una felicidad low cost. Un café. Si es posible, comencemos el día con un café. O una infusión que es más sana. Pero acompañemos como si fuera la primera vez. Y besemos como si fuera la última.

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