COMO LOS BONOBOS

La televisión es adictiva. Y con gran variedad de productos a los que engancharte. De ese modo, todo aquel que necesite su dosis, encontrará el chismorreo, la acción, la tensión sexual no resuelta, en la parrilla en abierto o bajo demanda.

Y ciframos nuestra percepción en base a la demoledora visión, que se nos ofrece de una forma alienante, servida a través del plasma.

Y no deja de ser curioso cómo nos encoge el corazón un pequeño Bonobo siendo acechado por un malévolo Leopardo; las interminables colas de inmigrantes en las fronteras del primer mundo nos producen somnolencia; será por la costumbre de ver a esos seres que parecen seres humanos, hablan lenguas extrañas, como algunos seres humanos, y tienen hijos. Como tú y como yo.

Dependiendo de aquello a lo que se nos hace permeables, sentimos. Y, en la tele aparece el enésimo niño chino atropellado, encajado en un retrete o colgando de un septuagésimo piso… Son tan monos (como los Bonobos)

Y nuestra conducta y percepción de las relaciones son cada vez más parecidas a los arquetipos con los que se nos asaetea el Hipotálamo. Los comportamientos sexuales de las mujeres son tan similares a los hombres… Se nota que los guionistas son hombres: Siempre están dispuestas. Los hombres, al igual que cantan las canciones, son capaces de satisfacer no sólo a una sino a una pléyade de mujeres que, ávidas de contacto carnal, se ven saciadas con un hijo de Adán. (que está buenísimo, por cierto y cuyo argumento entrepiernal haría buen juego con los cojones del caballo de Espartero)

Y lloramos la muerte de los hijos o amigos de los héroes. Y no lloramos a los que mueren de verdad en soledad a tres puertas de la tuya. Y zombis, vampiros, hombres lobo y demás familia, sufren las mismas deconstructivas situaciones que nosotros… Pero son tan guapos, tan malos, tan sensibles…

Todo irreal para que nuestra reserva de sensibilidad la agotemos con seres de ficción y no tengamos nada que ofrecer a nuestros padres, hermanos, hijos, amigos, vecinos…

Pensamiento único. Pueblo único embobado frente a la todopoderosa pantalla. Con los ojos enrojecidos por la falta de pestañeo mientras consumimos la mentirosa telerrealidad o por las lágrimas vertidas por seres que nunca conoceremos. Como a los Bonobos.

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