TAMPOCO ME HA TOCADO

Entro en mi calle con el coche. Y me encuentro con un señor que, con toda la calma del mundo, camina casi por el centro de la calzada. Podría suponer que es sordo y no escucha el ruido del motor…

Ya me encontré en la misma situación por la que estaba pasando en ese instante y probé: Le di luces y, como no tiene retrovisor, no se dio cuenta. Le di al claxon. ¡En qué horita! Se revolvió y comenzó a esputar grandes improperios dirigidos a mi persona, a la que me trajo al mundo y a toda mi nación.

¿Pero cómo hacer entender a un señor con algunos años más que los míos que la calzada es para los coches y las aceras para los viandantes cargados de derechos como él?

Un día antes, estaba en una actuación donde niños de Primaria cantaban, recitaban poemas, escenificaban la Navidad o todo a la vez. La cosa es que vi cómo un niño sufría tres pataletas en menos de diez minutos. Es un encanto de crío: Pero le pasa como a mí y al resto de la humanidad: Tenemos baja tolerancia a la frustración. Hubo un reparto de premios y él no fue premiado. Mientras soltaba alaridos inefables, alcancé a comprender “no comprenden mi arte”; la cosa es que él decidió no participar y, cuando vio que otros recibían un obsequio, pues eso… Tras la última posesión maléfica, volvió a su estado natural.

¿Qué tienen que ver uno y otro? Pues que todos somos muy dueños: Unos porque, cargados de razones, años y triglicéridos, abusan del derecho que detentan por nacimiento y que niegan a otros con los mismos. Y, en el segundo caso, que es mucho más fácil callar a un niño a base de cosas que perder el tiempo, que perdemos en cualquier gilipollez, con ellos. Los niños no necesitan estar distraídos: Quieren que les acompañes, les mimes, les pongas límite. Los niños quieren ser amados. Curioso: Quieren lo que yo.

Como el señor que hacía camino al andar por la calzada. No hace falta que yo le pite para que sea consciente que es un ser en medio de muchos. La próxima vez que quiera evidenciar su existencia, podríamos quedar y tomar algo y charlar de que, este año, tampoco, me ha tocado la Lotería. Y ya veremos…

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