LA SUERTE DE CAÍN

Boca abajo. Me duelen todos los huesos de la paliza que me acaba de dar. Del estupor que sentía al verme en tal situación pasé al pánico. Estás rompiendo mi cuerpo y no tengo cómo gritar. La boca tapada mientras desgarras mis entrañas.

Parece que se ha cansado. Y mi mente restaura un recuerdo tan antiguo como feliz. Un día de verano, caluroso y brillante, corriendo hacia el abrevadero de las bestias en medio del pueblo. Los caños de la fuente siempre suenan en mayor: Es un tono feliz y cuando sumerjo mis manos en el agua, siento como me arrastran a otra habitación. Un olor acre, axilas sudando y jadeos, vuelven a torturar mis sentidos y mi vientre.

Parece que hace un millón de años que vivo en el pozo de la violencia infinita de quien me roba mis palabras, empala mis ilusiones, tritura mi soledad. Porque es la soledad lo que ansío y no esta infecta compañía que no puedo soportar y que una vez amé. O creí hacerlo.

Y quise cambiarlo. Yo sabría cómo. Pero no. Nadie cambia si no tiene necesidad de ello.

Y tuve un hijo que quise. Y otro que me encontré.

Ahora me arrastra y me hace contar con la cara las losetas. ¡Ves lo que me haces hacer! La violencia incontenible: La que nace de la incapacidad para gestionar los sentimientos le hace besarme mientras me golpea con el puño cerrado donde está mi ojo izquierdo. O estaba. No veo bien.

El aberrante caldo de cultivo que da como fruto hijos de Adán con quijadas de burro por manos: Arboles que comenzaron a torcerse por no tener alguien que les quisiera tanto que les dijera: No.

¡No, hijo mío! No tienes derecho a todo lo que te apetece. No eres dueño de quien te acompaña. No eres juez. Tu único criterio no es el único. No eres Dios por quitarme la vida. Dios da vida. Y la resucita.

Y tú, enano, crees ser alguien porque me desgarras mi piel con tus dientes y tu impotencia. Machacas mis manos que acarician a tus hijos porque las tuyas no pueden. Están cerradas como puños: Sólo rompen…

Cuando me arrebates lo que no es tuyo, errante, la suerte de Caín se dibujará en tu frente.

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