RIDÍCULO

¡Pardiez que torpe soy! Con el pensamiento único incrustado en la sien, no había caído en que, todo no es igual que como me hacen percibir la realidad. Sí. Ya sé que es una obviedad, pero me dio por pensar en cómo serían las revistas para adultos en medio del Amazonas. Las amazonas que posan deslumbrantes en las portadas, serían como las mujeres que caminan habitualmente desnudas en su hábitat natural. ¿A qué instinto harían referencia las modelos?

Y las que se vendieran en el país de los Inuit, a 35º bajo cero, estarían ligeritas de pieles o simplemente se les verían las orejas?

Y es que, mientras el instinto mira a modelas tan increíbles, nuestra mente fabula qué nos gustaría que ocurriera. Todo ciencia ficción porque no dejan de ser seres colocados para que perdamos el tiempo fabulando. (perdón por la reiteración)

Y así ocurre con todo lo que se nos presenta que no es posible, pero que a otros que no conocemos, les pasa. Y la condescendiente imaginación se ocupa del resto.

No. No creo que sea sano que los arquetipos que nos graban en publicidad o a través del amarillismo periodístico en todas sus variedades se presenten para dignificar la vida de los lectores y videntes. Más bien creo que están diseñados para generar una frustración controlada. De ese modo, se nos vende la enfermedad y su cura. Un ejemplo muy interesante es el de Estambul. Conocida por su mezquita y ahora por los implantes.

Pelillos a la mar. La cosa era pensar un poquito. Y volver a darme cuenta de que sólo Dios basta. Y que el ridículo de un esquimal en tanga de leopardo o de una amazona vistiendo un picardías, nos haga caer en la cuenta de que todo, todo, está en nuestro adentro: Es gratis. Y es nuestro.

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