CALLADOS COMO PUTAS

Es una expresión sobre la que nunca había pensado. Siempre que la he escuchado me ha hecho mucha gracia, pero creo que no tiene ninguna. Cuando se hace dicha mención se está haciendo, me parece, referencia a una situación terrible. Eso de ser puta no tiene que ser nada interesante: Te tienes que arrimar a cualquiera que esté dispuesto a pagar el precio de los servicios que ofreces, poner buena cara para no perder la clientela, procurar que tus vecinos/as no sepan a qué te dedicas por lo engorroso y lo malo de las opiniones que hay sobre este puesto de trabajo, estar tutelada, o chuleada, por un señor u organización a la que le importas una mierda y que sólo se preocupan cuando no les das dinero a cuenta de los servicios prestados durante el día: A cambio, te ofrecen “protección” (¿?) El caso es que, lo mires por donde lo mires y a pesar de ser un servicio público que se mantiene gracias a la demanda que hay y siendo que es el oficio más antiguo del mundo se parece mucho a algo a lo que me siento vinculado. Mi casa: Mi Iglesia. Que digo yo: Hay una fuerte demanda de sus servicios. Véase sacramentos, cobertura religiosa a eventos gastronómicos bajo el signo de romerías… y todas esas cosillas. No importa quién se esté prostituyendo. O qué. La cosa es que se siga siendo un referente para la vida espiritual. No importa que tenga poco que ver con el Evangelio: Ex opere operato. La cosa es estar ahí. Ya obrará el Espíritu. Como si el Espíritu se dedicara a hacer el milagro de que la gente crea después de haber ingerido grandes cantidades de marisco y de fino. Esto lo sabe todo el mundo que tiene cierta conciencia de la labor que tiene que desarrollar la Iglesia como signo del Reino. Pero callamos, como putas, para que no se vayan a otro lado y nos quedemos sin parroquia. O para que no digan que les vamos a quitar la fe con tantas novedades; o por cuestionar puestas en escena que tienen que ver más con el folklore que con la tradición que se nos dio a través de la palabra de Dios. Pero hay que pagar los precios que impone la coyuntura. Nos tragamos nuestras convicciones y nos acostamos con cualquiera que nos ofrezca el mantenimiento de la Iglesia a cuenta de cualquier feria en nombre de cualquier santo: Vamos, bendecimos y confiamos en que no lo hayamos hecho demasiado mal. Después de todo, hasta el gobierno se puede equivocar: ¿Porqué no se puede equivocar la Iglesia? Y no sólo eso: Hay que mantener la clientela. Por ello, seguiremos amenazando con el infierno o con que no son hijos de Dios si no bautizamos a nuestros hijos. Como si todos los hijos de todas las mujeres de la tierra no fueran hijos de Dios. El pequeño detalle por el cual, cuando bautizas a tu hijo te estás comprometiendo a educarlo según los valores del Evangelio, lo ponemos en la letra pequeña del contrato y bajito, para que no se enteren. Luego, diremos ufanos que hemos bautizado este año tropecientos mil niños, con lo cual, la supervivencia del garito está asegurada. Y que no puedes casarte si no te confirmas. Y que es mejor confirmarlos antes de los quince años porque luego desaparecen. Y todas esas barbaridades que se hacen para mantener una estructura, una forma de pensamiento que más se parece a un museo de prehistoria que a la casa de Dios, a su familia. Es dar margaritas a los cerdos. Es vaciar de contenido. Es malversar la palabra de Dios. Es prostituir el mensaje sabiéndolo. Eso es cohecho y prevaricación. Es procurar un bien menor causando un mal mucho mayor, impidiendo que cada uno desde la conciencia que tiene sea capaz de decidir ante lo que Dios, a través de sus mensajeros, transmite. Y procurar que no se note que estamos siendo infieles. Que no se den cuenta que hemos hecho un desfalco, que estamos mandando a la gente a paraísos virtuales que están vacíos de contenido. Y, al fin, ir con las bragas en la mano cuando nos ofrecen cualquier chuchería, como mantenernos a través del impuesto de la Renta. Si nos ocupáramos de sus cosas, no nos haría falta andar con estos impuestos revolucionarios. Por eso, ser puta no es interesante. Pierdes tu dignidad por dinero, eres como la falsa moneda y nadie te reconoce como amigo sino como cliente.

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1 respuesta

  1. PÍPEZ dice:

    Dar guerra a la vida es vivir para brotar
    Quiero ser y no soy
    La profecía del silencio
    Hay Alguien que me lo pide…

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