DOMÉSTICOS

¿En qué momento? ¿Cuándo ocurrió? ¿Quién lo decidió?

Son preguntas que me asaltan últimamente con demasiada frecuencia.

Falta un telediario para que mi hija adolescente me diga, cargada de razones, que no quiere ir a celebrar el sacramento de nuestra fe. Y, cuando eso ocurra, tendré que callarme porque no sabré cómo refutar unos argumentos plenos de contenido.

Celebrar, sacramento, fe. ¿Qué fiesta es esa que hace que se imponga el silencio como señal de respeto? Recuerdo los besos de abuela que me daba mi abuela cuando nos visitaba o la visitábamos: Ruidosos y largos, como habían de ser, ya que eran expresión de la alegría; eran sacramento, signo que significa, del amor de abuela. Cargado de respeto, lleno de amor.

Y me pregunto: ¿En qué momento dejó el Evangelio de ser compartido como modo de vida para ser una religión (conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto)?

¿Cuándo ocurrió? ¿Fue acaso en el momento en que la libertad de los hijos de Dios podría haber comprometido el conjunto de prácticas religiosas y, como un torrente en crecida, la Esperanza sería la gasolina, la alegría un signo de fiesta?

¿Quién decidió qué era lo más conveniente para los fieles, hermanos entre sí, para garantizar la pureza, el orden, la ortodoxia? ¿Quién dijo que el Evangelio es ortodoxo cuando fue justamente su heterodoxia la que llevó a Jesús a la cruz?

Y, perdón si me repito, llego a la conclusión de que, si quieres desactivar una buena idea, domestícala, hazla doméstica. Que es:

“Perteneciente o relativo a la casa u hogar. Reducir, acostumbrar a la vista y compañía del hombre al animal fiero y salvaje”.

Adiestrar el incontenible poder del Evangelio, fiero y salvaje a los ojos y criterios mojigatos, conservadores, para ser vivido individualmente, en el recinto personal haciendo de él una práctica religiosa. Y no un modo de vida feliz. Para uso y consumo domésticos.

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