“EL MIEDO DEL HOMBRE HA INVENTADO TODOS LOS CUENTOS”

De la proverbial desmemoria de los humanos mucho se ha escrito. Pero, de la infinita capacidad de empatizar, se procura hablar lo menos posible. Creer en el milagro está vetado: Creer, está prohibido.

Enemistar a cualquier precio, mentir hasta la angustia, despreciar al igual: Esa, esa es la mejor política. El combustible que hace meteoro a la nunca muerta idea de que el hombre, un lobo para el hombre será. Allí, en los cielos del poder, emponzoña toda verdad, vistiéndola de mística y memoria empañada. Para no ser reconocida; seguir siendo la manzana para la más bella…

Todo este preámbulo para hablar del tiempo previo al llanto y rechinar de dientes que vendrá tras las elecciones. Ese momento fútil de los pavos lamientes de los culos del poder y la mentira; aquellos que despliegan sus plumas para atontar al votante con cantos de sirena, que aturden… pretendientes del voto del indeciso y del cierto, del novato y del viejo.

Y vuelvo a escuchar: No hay argumentos, no hay proyecto. Sólo proyectan sus espumarajos contra los contrincantes, dando alas a la media verdad. Cada uno de un color. Todos con las venas inyectadas en ansia de poder, en deseos de posar sus posaderas en el poder, para incurrir en los mismos errores de siempre, pero con otra fecha, el mismo lugar.

Y profieren alaridos alarmantes. Apelan a oscuridades ya iluminadas para azuzar odios olvidados, identidades falaces, resucitar muertos ya velados…

Y vuelven, por tanto, los cuentos. Para adormecer la valentía de la humanidad. Fagocitar los sueños, las ilusiones; fusilar la inocencia, triturar la esperanza.

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