UN DÍA CUALQUIERA

En la calle, envoltorios de plástico danzando al amor del viento que los toma y desprecia; en el suelo, cacas de perro despachurradas por las ruedas de los coches. Está esperando en el semáforo un hombre mal vestido: Alguien le llama de un grito. Un niño pequeño se agarra a su pierna izquierda y una sonrisa llena de bondad ilumina el rostro del abrazado. En la sonrisa, faltan perlas, pero brilla como el sol.

Señores mayores enfundados en ropa deportiva acrílica llevan una marcial marcha hacia ningún sitio. La batuta la lleva uno de ellos que alza el brazo, pendularmente, hasta una inusual y peligrosa altura. Se adivina bajo su ropa una faja. Toda la escena la observan dos señoras sentadas en la terraza de un bar; fuman y miran despreocupadas el paso del tiempo encarnado en todos los seres que aparecen y desaparecen en la acera. No es un descanso: Es un status.

Chinos que fuman apoyados en el quicio de la puerta del negocio, vendedoras de cupones gritan “Compra un cuponcito, que vale un euro”; el negro que estaba en la puerta del supermercado hace tiempo que no lo veo. Espero que esté bien.

Primíparas añosas deambulan detrás del carrito del fruto de sus entrañas. Divinas, maquilladas, peluquerías perfectas… Pero también están las que empujan un carrito mugriento mientras el niño les grita que quiere gusanitos: Llora furibundo cuando se lo niegan. Al volver a verlo, tiene las manos dentro de una bolsa de la deseada chuchería: En la cara de la madre, se tatúa cansancio; y una derrota que será la siguiente de muchas, prolegómeno de tantas.

Andadores que pululan la calle peatonal. La que antaño fue lugar de paseo, antes del cine, antes del vermú, cuando no había teléfonos, apenas; y las carabinas no eran armas…

Ancianos que recuerdan días lejanos. Sufriendo dolores que no creían que pudieran existir. Mendigando un interlocutor que no sea quien les acompaña ya en la casa, ya en la calle; para acostarlos o levantarse.

Perros que acuerdan olerse el culo mientras sus dueños comparten nuevas y cuitas. Un envoltorio llega volando, jugando entre las patas, y se enredan las correas de los amos, divertidos con la escena.

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1 respuesta

  1. Apellido dice:

    Hola Chito.
    Me encanto la vez que viniste al colegio y nos cantaste la monster song y nos hiciste reflexionar, y me hiciste una paja mental. A partir de ahí tengo fotos y posters tuyos desnudo en mi cuarto. Nos encantan tus canciones. Eres un grande, ojalá fueses mi padre, TE AMAMOS

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