SUPERVIVENCIA

Lo de la tele por cable tiene su aquel: Tienes un chorro de canales para decidir qué, cuándo y dónde ver lo que ofrece. Hay veces que lo más difícil es encontrar algo que te cuadre. Eso se simplificaba mucho cuando sólo había dos. Y empezaban a mediodía.

¡Qué lejana la tele en blanco y negro! 625 líneas frente al 8K que nos publicitan hoy. Pero hay algo que no cambia. De hecho, se va enconando con el tiempo.

Las series antiguas aparecen en los programas nostálgicos para llevarnos a un tiempo en el que los plásticos no eran una amenaza global, la libertad comenzaba en la frontera con Francia y las suecas poblaban nuestras aborígenes películas. Una y otra vez aparecen y martillean, con lógico alborozo, nuestras pupilas.

Hoy, hay cientos de series; y todas persiguen lo mismo: Dar un estacazo de popularidad. Con ello, se abre la posibilidad de que haya más temporadas; la gente empatiza con los personajes y se deja acompañar por los desvaríos de los malos, las heridas del corazón y las oscuras historias que algunos llevan con pesar… O con series en las que somos nosotros: Ya no es que yo me encarne: Es que me veo en ellos. Y, de una manera casi masoca, miro la pantalla y me veo a mí. Como si no tuviera suficiente con mi propia existencia, voy, y me doy otro plato de mí. Como colofón, están las comedias de situación, en las que el humor está servido, el mal gusto a cascoporro y el chiste fácil, acompañado de mucha carne, casualmente desnuda, y de chascarrillos que se hacen virales entre nuestros hijos: Benditas españoladas…

Y hablo de todo esto porque de lo que se trata es de la supervivencia. Las series que conectan retuercen las historias hasta que no queda gota de credibilidad. Y, cuando eso ocurre, se vuelve a un punto cercano al comienzo para tomar un derrotero menos creíble, pero que dota a los personajes de una frescura que, tras 300 capítulos, está más cerca de oler mal que otra cosa…

Lo que más me sorprende es la capacidad de tragar mierda que tiene el ser humano. Ya sea para ver el maltrato digital en 1080 o para sufrirlo en silencio, cual almorrana.

Me gustan las series en las que, en los capítulos, se empieza y termina la trama. Me aburre esperar lo evidente durante más de 45 minutos. De los culebrones, ni hablamos;

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