NO CREO

No creo en el Ecumenismo. Tampoco creo en la Solidaridad ni en la Sinceridad. No creo en el Ecumenismo (Tendencia o movimiento que intenta la restauración de la unidad entre todas las iglesias cristianas. RAE) como movimiento que busque la unidad entre los diferentes credos. Si cada uno de ellos no abandona su posición, la que cree que debe mantener para ser fiel a la verdad donde cimenta su credo, no habrá nunca  un auténtico acercamiento entre ellos y así generar, en fondo y forma, la Unidad. Tampoco creo en la Solidaridad (Adhesión circunstancial a la causa o la empresa de otro. RAE ), por ser una moda. Un engaño que hace que nuestro modo de vida se mantenga inalterable al creer haber adquirido el derecho a la paz de conciencia dando algo de lo que nos sobra a los que les robamos toda posibilidad de vivir dignamente. Por ser inconsistente, por ser veleta, por no ser coherente a ningún fundamento que se mantenga en el tiempo sino que va a la deriva de las circunstancias, no creo en la Solidaridad. Es el tráfico que se hace de los sentimientos según convenga a los medios u organismos que estimen conveniente tocar la fibra sensible y así anestesiar el consciente para que no perciba que, lo que se hace solidariamente, no necesita coherencia vital: Sólo necesita un objeto, con el que mostramos solidarios, y un sujeto: La víctima de nuestra bondad. Y, ¿Dónde dejamos  la Sinceridad? (Sencillez, Veracidad, modo de expresarse libre de fingimiento. RAE) No creo en ella como sucedáneo de la Verdad (Propiedad que tienes una cosa de mantenerse siempre la misma sin mutación alguna, conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente) Como si lo que sentimos, por ser nuestro y ser sincero fuera una verdad universal que tuviera que ser aceptada por todos los hijos de los hombres. La sinceridad no necesita a la mente: Basta que uno sienta para ser sincero. Sin tamices, sin criterio, sin fundamento. No creo que la sinceridad sea un valor que se mantenga por sí mismo. No creo que se pueda creer en la solidaridad como bandera de que se es consciente, o coherente. Y entonces, ¿En qué creo? Creo en la Unidad, como expresión del común destino de todos los hombres y mujeres, como imagen de la libertad de elección y de decisión y como metáfora de la dignidad vital a la que tenemos todos derecho. Creo en la diversidad como signo distintivo de la individualidad de cada uno de los seres que poblamos la tierra, y de las necesarias diferencias que han de haber entre nosotros para percibir la realidad desde todos los puntos de vista posible: Para que todos quepamos en un mundo sin fronteras: Ni físicas, ni ideológicas, ni religiosas. Creo en las preguntas como billetes de ida a lugares desconocidos, a planteamientos desestimados por ser arriesgados o fuera del canon establecido. Como destino de los que llegan a la tierra prometida y no quieren adueñarse de ella: Que siguen haciéndose preguntas para que otros lleguen y sean luces que no se esconden sino que sirven para que otros lleguen a buen puerto. Y creo en Dios, como aquel que me obliga a romper mis límites, dinamitar mis creencias y me hace esclavo de la incertidumbre de esperarlo todo de Él. Porque esperar en lo que sé sólo ha traído torpeza a mis sentidos y vejez a mis planteamientos. Es, inevitablemente, una constante salida de la tierra para saber qué quiere de mí.

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