¡QUÉ DE MODA!

Magnéticos. Como cuando conduces de noche y el coche justo enfrente, se deja el intermitente puesto. Con su hipnótico ritmo, tu atención, se centra en el naranja tintineo. Y se desdibuja lo demás. Hablo de los textos que regularmente aparecen y te trastocan la percepción pues aportan un punto de vista sorprendente, fresco; a veces, casi insultante a la inteligencia por su simplicidad. Y su profundidad.

Con una adjetivación sensorial que sugiere vientos que no recordabas, aromas que erizan la piel, sonrisas que habitaban en lo profundo de la niñez y los pantalones cortos; lagartijas que corren para salvarse de la chavalería que, con científica e infundadas teorías, las capturaban y practicaban vivisecciones…

Penumbras llenas de besos, nerviosos, torpes; abrazos cercanos al infarto al sentir el calor de quien te dibuja la cara de tonto con su sola presencia. Dolor y espasmos infinitos mientras camina la vida nueva hacia su casa. Llantos y terrores nocturnos, visitas inesperadas, la voz de tu niño en la mejilla…

Soledad y carretera. Música, que es compañía y cuña en tu mente, pidiendo paso, inundando de luz con sus notas, la mediocridad.

¡Qué de moda está escribir para comunicar lo cotidiano de otra forma, con acentos, matices, técnicas que suponen una novedad!

Y ¡qué necesitados estamos de que nuestro corazón sienta! Que latiendo, esté vivo. Y, que vivo, acompase días llenos de ilusión.

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