ILÓGICO

Acción y reacción. Es una operación simple que se comprende sin pensar mucho. Si comprimes el émbolo de una jeringuilla, el líquido contenido saldrá al exterior con una presión proporcional a la ejercida. Fácil.

Aplicable a todos los aspectos de la vida. Pero, si contemplamos la historia sin histeria, sin prejuicios, nos encontramos que no se aprende de la insoportable simplicidad del concepto expuesto. En este orden de cosas se responde a la acción con una reacción proporcional y en el mismo sentido: Si hay una agresión, yo agredo. Si me gritan, yo grito; si matan, yo mato.

Y seguimos matando aún sabiendo que no es la solución. Que sembrar el campo de muertos no fertiliza la paz prometida, sino que alimenta el rencor de la reacción proporcional en el mismo sentido.

¿Porqué no romper la lógica y somos un poco creativos? No pretendo inventar la rueda, pero no hemos intentado poner en práctica lo que nos enseña lo más natural de la vida: Un parto. Un dolor insoportable que debería conducirnos, por la lógica descrita, a tener una actuación para represaliar al productor de tanto dolor, que es el recién nacido. Y, oh maravilla, cuando contemplamos el fruto de las entrañas, el dolor se vuelve marea alejándose de la orilla; y sólo queda su rumor. La mirada de la vida devuelve la sonrisa a quien sufría por traerlo al mundo.

Amor. Esa estupidez. Esa cursilada a la que hemos vaciado de contenido adhiriéndole matices sexuales, comerciales… El amor es la verdadera alegría, el motor del universo y de la rotación de los electrones a nivel subatómico.

La poderosa reacción que cambia los corazones y al mundo.

Ilógico.

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