MATRIOSHKA

Creo que quienes quieren hacer que cada vez nos queramos menos lo están consiguiendo. Vacían de contenido las palabras, llaman amor a lo que se puede comprar, califican como música al Reguetón… Hay ingentes cantidades de señales que nos hablan de este proceso, al parecer, inexorable; y lo parece porque, como dice Sabina, “Las niñas ya no quieren ser princesas”, pues quieren ser Youtubers. Y el maltrato entre iguales se va instalando como el óxido en las vigas de hierro de los puentes…

Vuelvo a escribir sobre el tema pues, zapeando, he visto esos programas que hablan de personas obesas se somete a procesos increíbles en los que pierden cientos de kilos. Se los quitan, si: Pero no les amputan la causa de tanto desamor a su persona. Programas de consumidores que son felices comprando, riendo sin parar, con una conversación estúpida, sin contenido… O ese colectivo que se dedica a meter la mano en el desagüe de los bates para desinfectar y desionizar con productos del espectro radiactivo pues se sienten amenazados por los virus que se supone que suprimen tales bichos: Van con un trapo limpiando cada superficie de sus hogares hasta hacer un surco en las estanterías…

Matrioskas. Son como las muñecas rusas. Tienen aspecto de seres humanos: Pero, cuando las abres, encuentras otra igual, que contiene otra igual que contiene otra igual… Si las juntas, una a una con sus piezas inferiores correspondientes, son muchas iguales igual de vacías. No tienen nada dentro. Sólo vacío para llenar de frustraciones, obsesiones y memeces que contribuyen a que soporten su miserable vida y mantengan a los que están muy interesados en que la cosa siga así.

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