VENGANZA

¡Qué tema tan cinematográfico! ¿Verdad que genera en nosotros una empatía desbordante el protagonista que, golpeado por la maldad en su más espuria versión, levanta el cayado, de la violencia y el llanto infecundo, con su mano derecha e invoca los arcanos dioses para intentar cicatrizar la herida que tan hediondo ser ha causado? (toma frase larga)

Pues si. Desde el comienzo de la ficción, ya fuera oral o escrita, radiada o filmada, la venganza ha generado buenos réditos. Pero no sirve, a efectos prácticos, para nada.

PARA NADA.

La ilógica que sustenta tan bárbara práctica se basa en el principio de acción y reacción. Tú me haces daño y yo te hago el mismo daño: Perjuicios con la misma dirección y sentido contrario. De hecho, la proporcionalidad no existe porque la respuesta suele ser desmesurada. (sobre todo en las películas)

Y una película es la que vivimos. Nuestros políticos se rigen por el principio de “Y tú más”. Se bloquean gobiernos porque tú hiciste, dijiste, comentaste algo que es inadmisible. Y, de ser así, no puedo tolerarlo; conclusión: Misma dirección y sentido contrario.

“La mancha de una mora con otra verde se quita”. La vida de un hombre con la de otro se paga. Y, como todos sabemos, la muerte de un asesino no devuelve la vida a la víctima. Pero se sigue practicando la vía punitiva como panacea de la violencia: Como si no fuera violencia…

Nos vemos entonces en un escenario que podemos cambiar: Si la venganza no es respuesta, ¿cuál sería la más adecuada? He buscado el antónimo de Venganza y me sale, como primera opción, Perdón.

Toda situación que nos conduce a barajar la venganza como solución ha de tener en cuenta la posibilidad de perdonar el dolor o la ofensa practicada. Sé que la memoria permanece, pero el dolor se aleja, como el agua de los ríos, hasta quedar el rumor. De nosotros depende que el sonido residual sea de tambores de guerra o del corazón repitiendo el nombre del amor como bálsamo de toda angustia: Amor profundo, verdadero, capaz de cambiar el pensamiento de los hombres. Y la faz de la tierra.

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