NI ESTÁ NI SE LA ESPERA

No raya el esperpento: Es. Cada vez que el presidente de todos los norteamericanos, que es como decir el presidente de todos nosotros, aparece, tuitea o eructa, mete la pata. Es un imbécil del tamaño de las Rocky Mountains, pero con avaricia.

Y, como es de suponer, es mejor tener un idiota como Donaldo que un señor inteligente. Por eso, quienes lo pusieron allí, enmierdaron el impoluto blanco de la casa con la mierda de sus prejuicios, sus salidas de tono y su total ausencia de compasión.

No deja de ser, digo yo, la punta del iceberg. El negacionismo en su más perversa versión, la regresión evolutiva a los tiempos previos a las cavernas: El encadenamiento de la verdad a la oscuridad favoreciendo las medias mentiras…

Y uno reza porque haya algo e inteligencia en todo lo que ocurre. Que lo que es malo para un solo hombre es malo para todos. Y que lo que es bueno, lo es para todos. Que todos merecen el mismo trato. Que todos estamos de visita en el planeta y no quedará uno sólo en pie cuando la muerte venga a visitarnos. Pero parece que la inteligencia ni está en la hoja de ruta.

Ni se la espera. Porque es mucho más sencillo obviar la verdad que mirarla de frente pues tiene la fastidiosa contraindicación de poner bajo la lupa nuestras vergüenzas.

¿Fake News? No hijo, no. Todo lo que te molesta no son mentiras. Mentira es creer que todo lo que sale de tu boca, ano subido a primera división desde regional preferente, es algo digno de ser escuchado.

Chito dixit.

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