¿ME PONE OTRA COPA, POR FAVOR?

Hiciera calor, lloviera o tiritáramos, ahí estábamos todos: De pie, con nuestra cerveza en vaso de tubo o de plástico, fumando y diciendo las tonterías propias de un viernes por la noche. Mucha gente. Mucha, mucha gente en la calle. Un murmullo ensordecedor que llenaba toda la calle. Miradas furtivas de ellos hacia ellas; implacables, de ellas hacia ellas, de arriba abajo o al revés; reinas del baile con la cohorte de damas de honor y damas sin tal honor pululando entre la multitud. Todos teníamos en común que queríamos estar con gente que nos escuchara, acompañara, mirara: Incluso tocara o besara si tenías esa suerte.

¡Qué tiempos aquellos en los que, estudiantes todos, quemábamos los zapatos yendo de un lado para otro, comiendo pipas o kikos XXL mientras esperábamos nuestro turno para jugar al futbolín!

Y todos queriendo lo mismo.

La otra noche fui a una terraza en la que cantaba un grupo que hacía un tributo a un grupo de moda de no hace demasiado. Y es curioso, pero los bailes siguen siendo los mismos después de tanto tiempo. Pero, ahora, tenemos copas que antes no podíamos pagar, zapatos que veíamos en los escaparates, vestidos de boutique y pieles superhidratadas con cremas exclusivas. Labios vestidos de perfecto carmín; ojos perfilados por la experiencia y uñas impecables sujetando copas de cava… Ellos, miran desde la barra, apoyados con el mismo desinterés de antaño. Sus mocasines delatan un alto nivel adquisitivo. Los pantalones, perfectamente planchados con la raya a escuadra, evidencian cuidado, casi mimo. Algunos lucimos cierta tripa mientras otros, reyes antaño, siguen teniendo una esbelta línea, tan costosa de adquirir: Y mantener.

Todos bailando, ya fuera con el bamboleo de izquierda-centro- derecha, saltando sin demasiada pasión para no hacernos daño o con el cigarro en la boca con la cara de que se te ha metido humo en el ojo, todos reproducimos los mismos papeles: Pero con treinta años más.

La soledad aún habita en la mirada de quienes siguen queriendo entrar en la corte de los populares. Algunas reinas del baile siguen mendigando alguien que las quiera más allá de su belleza. Las que aún quieren seguir siéndolo, insultan sus años con actitudes impropias de las arrugas que describen sus cuellos. Bufones, soldados y validos bailan, musitan la letra;

¿Me pone otra copa, por favor?

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