O CABEMOS TODOS…

¡Qué relajante saber la verdad absoluta! Desde el principio del principio hay alucinados iluminados que, presos de la posesión de un conocimiento más allá de lo concebible, se manifiestan a incautos, desencantados y demás familia que, creyendo tener delante alguien más humano que él, se fían.

Y abandonan toda idea propia pues, deslumbrados por la belleza de la verdad conocida, ponen el cien por cien de su persona al servicio de la causa.

Pero los conocedores de la absoluta verdad suelen ser mentirosos sin relativizar oiga; toman una parte convincente de una verdad mucho mayor y la pervierten. Se hacen profetas de la revelación manipulada y pregonan las bondades de una sola visión. Es algo así como ver el Arco Iris, hablar de su belleza y ponderar un solo color, obviando el resto y, por supuesto, sin hablar de que todos juntos, hacen la luz blanca.

Pues eso. Ante una verdad reductora de una más amplia, depauperada por las ínfulas de un gañán o gañanes que violentan la inocencia de las personas, luz: Mucha luz y grandes dosis de risas y libertad; de música y diálogo. Que cuando vuelvan a inventar la rueda los charlatanes, se encuentren con pueblos que no necesitan mesías exhortando a los pobres y sencillos a la muerte en nombre de un bien mayor. El pueblo que sabe su nombre, no necesita hablarines.

O aquí cabemos todos, o…

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