IGLESIA Y ORTOPEDIA

En el principio, sobre los planos, el cuerpo se pensó para un funcionamiento perfecto. Por eso, cada parte se desarrolló para que funcionara a favor del sistema a la perfección: Sin errores. La cosa empezó a desvariar un poquillo cuando se llevó a la práctica. El cuerpo no funcionaba bien y las partes que no iban no eran reparadas: Eran sustituidas por otras que aseguraban que podrían hacer la misma función o, cuando menos, se asemejaría bastante al original hasta que este se pudiera poner a funcionar de nuevo. Esto, en teoría, estaba bien. Con ello se garantizaba que todo marchara en condiciones óptimas y que el objetivo del cuerpo se cumpliría. Pero no fue así. Los repuestos suplantaron a los originales y faltaron a su palabra de mantener la unidad de objetivos en nombre de la efectividad, con lo que el cuerpo se fue colapsando. Ni los originales funcionaban, porque los sustitutos actuaban de placebos, ni los sustitutos, porque ya no se buscaba el bien del cuerpo sino la propia supervivencia, con lo que ya no servían al propósito con el que fueron puestos ahí. Con esta situación, los originales se fueron atrofiando. Y los sustitutos tampoco funcionaron.

Y todo esto es la historia de un cuerpo perfecto minado por la ortopedia. Los aparatos ortopédicos se asemejan al original, pero no son lo mismo. Pero en este negocio no sólo hay que parecerlo sino serlo.

Vamos a poner nombre a las cosas. Se supone que el cuerpo es la iglesia, mi madre, que, al no ser fiel, delega las funciones que fallaban a las órdenes religiosas o a cualquier grupo que asegurara la funcionalidad de puertas para afuera en vez de preguntarse por qué se había llegado a ese estado de cosas y poner las necesarias medidas para recuperar lo perdido. Mientras esos grupos cumplieran, no habría problema: No se estaría faltando a la promesa de fidelidad dada. Pero no se puede ir de rebajas, ni comprar gangas. Los precios a pagar, estéticamente serían muy altos y cambiarían el modo de vida. Y eso no se puede permitir. Como he dicho antes, en este negocio, eso, no se puede permitir.

Así, creo yo, están las cosas. Nuestra iglesia es un ciborg, mitad cuerpo, mitad ortopédica, con el alma vendida y los ojos vendados. Ciega, enjuicia. Mounstruo que condena sin conocer, en nombre de la sabiduría que todo lo perdona por ser recibida de Dios, que solo sabe perdonar.¿Dónde está Dios en este penúltimo juicio?

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