EL PODER

El poder sólo se sirve a sí mismo. Es una verdad inmutable. Cualquiera que intente que el poder sirva a otro propósito que no sea el poder debe dejar de intentarlo o convertirse en su lacayo. No tiene que ser tan malo porque todos los idealistas que han llegado al poder han sucumbido a los encantos de el dominio y la sensación de control que comunica la relación directa de un mortal con el poder. Es la piedra filosofal de los hombres: Todo hombre que es tocado por el poder se transmuta en corrupto, pierde la noción de realidad y cree que todo va bien para el resto de la ciudadanía mientras a él le vaya bien.

También llamado ombliguismo crónico por hiperexposición al poder, el individuo comienza a tener necesidades nunca antes experimentadas. La acumulación compulsiva de bienes de toda índole y a nombre de cualquier familiar parece ser uno de los síntomas más agudos. Luego, en el plano público, les ataca una faltaalaverdadtodoloquepuedasqueselotragantodoiasis: Este es un desorden descrito en todos los libros de política corrupta básica. Como ejerció perfectamente Goebbels (propagandista de pro), hay que mentir hasta que parezca que lo dicho es verdad. Fusilar la poca conciencia a base de miedos hasta que los votantes estén tan asustados que metan su cabeza en la tierra dejando al descubierto el lugar donde la espalda pierde su honroso nombre. Es por ahí por donde nos darán argumentando bienes mucho mayores.

¿Cómo podremos salir de éste pozo de mierda? Porque, en realidad, el fantasma de la pobreza material se va haciendo tangible a cada paso que se da. Y es curioso. Siempre hemos visto la pobreza a la hora de comer tatuada en la piel de niños negros o de inundaciones amarillas. Pero creemos que es normal: Para ellos, es lo normal. Y cuando alguien está acostumbrado, pues no pasa nada. Pero, para la gente que no sabemos lo que es sufrir, es inconcebible. Y somos presa fácil de la angustia porque no tenemos cosas tan importantes como Wifi o leche de soja semidesojada baja en colesterol y rica en esfenoles hidrocalorizados.

Nos vendieron la moto de que siendo poderosos y teniéndolo todo podríamos vivir una vida al margen de la vida.
Pero llegó el creador de todo, el todopoderoso, omnipotente, omnisciente y se desnudó de poder. Se despojó de Dios y se transformó en niño para demostrar que el mayor gesto de poder es ser servidor de todos por amor.

Y el amor es un valor que no cotiza en bolsa ni está sujeto a los devaneos de las elecciones legislativas.

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