SÁBADO POR LA TARDE

Gracias sean dadas a nuestra sociedad de consumo que me hace salir de mi casa un sábado por la tarde a contemplar el tejido social de mi ciudad. Y digo consumo porque tenemos la curiosa necesidad de comer. Por ello, lo consumido, hay que reponerlo. Y los supermercados no tienen precio para darte cuenta…

Y te das cuenta, de la desesperación de una madre pidiendo al marido, ocupado en nosequé, pidiéndole el ticket del parking, mientras su hija, síndrome de Down, no deja de sacar las cosas de la bolsa y se las lleva a un carrito vacío, de los que están apilados. Y me dio la sensación de que el tono de voz que tenía, alto, muy alto, no era para llamar la atención por la desazón del parking: Era un grito pidiendo auxilio; se alejaron en el mismo tono, pero se iba haciendo más grave conforme se alejaban…

En otro supermercado, me encontré a una señora peripuesta y superarregladísima, conjuntada de pies a cabeza y que lucía un bolsito supermono de una marca de hiperlujo. Atusaba su pelo, magníficamente teñido a la moda, delante mía; una señora mayor la acompañaba, pero no iba a juego con su estilismo. Cuando iban a pagar, ¿coincidencia?, se dieron cuenta de que habían perdido el ticket del parking, ¡qué democrático el parking que hermana a pijas y deseperadas! Tras mirarse la divina en sus bolsillos, la señora siguió hurgando en ellos, para enfado de maquillada girl… La cajera, comprensiva, ha arreglado el asunto. Y ya.

De vuelta a casa, con mis bolsas de tela que evidencian mi conciencia ecológica, contemplo otra escena: Dos señoras hablan y una niña, sentada en un carrito, era poseída por el mismo Belcebú. La boca, abierta como los leones- buzón que habían en Correos antiguamente, proferían sonidos del Averno,  inenarrables, a lo que, la madre de la posesa le pregunta: ¿Qué quieres? ¿Jugar en el parque infantil o el móvil? A lo que, sin mediar una décima de nanosegundo, contestó: “El móvil”. Y ya.

Pero algo ha iluminado el crepúsculo: Dos subsaharianos iban delante de mi. Estaban practicando el presente de indicativo del verbo pagar. Cuando uno de ellos se ha percatado de que los estaba escuchando, me dice sonriendo, señalando un coche, “coche”; ¡Hay que practicar! Y han seguido su camino. Y ya.

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.