MONSTRUOS

“Producción contra el orden regular de la naturaleza. Persona de extraordinarias cualidades para desempeñar una actividad determinada.”

Me encuentro con demasiada facilidad con seres excepcionales en una actividad que tienen, asombroso, muy pocos años. Son personas de muy corta edad que despuntan en determinados campos y de los que se dice que sorprende su madurez. Fascinados por tales condiciones, ensalzamos la naturaleza humana: ¡Increíble cómo se salta los tiempos necesarios para la madurez haciendo de un crío, una luminaria!

Y yo, guiado por el sentido común, digo: ¡Y una mierda! Donde no hay tiempo, no hay madurez. Forzar los períodos en los que un niño ha de ser niño para ser un excelente actor/actriz/actrez; un físico teórico innovando sobre la teoría de gravitones o un cocinero televisivo, sólo evidencia el estado de cosas en el que vivimos.

La fantasía de un niño es el lugar donde viven todas las posibilidades. A partir de ella se van descartando, como las hojas de las ramas en otoño, las irrealizables y se van cuajando las que son posibles…

Y, como dije anteriormente, evidencia la necesidad que tenemos de pequeños monstruos, gentecilla que hace lo mismo que los adultos, pero con la décima parte de cumpleaños. Boquiabiertos ante tal proeza, los subimos a la peana de la fama, sin haberles advertido del mal de altura. Y no saben lo que es, porque son demasiado jóvenes. Cuando se quieren dar cuenta de esto, ya hay otro monstruito ocupando su lugar.

Pero el monstruo es aquel que, como Saturno, se come a sus hijos, se alimenta de su propia carne. Los jóvenes, los niños, sólo quieren hacer felices a quienes suponen una autoridad o de los que reciben cariño. Lo malo del asunto es que tienen que cubrir las expectativas para ser amados, prostituyendo de raíz al amor.

Pronto, nos pondremos cachondos con niñas de menos de diez años preñadas tras haber pasado por una clínica de desintoxicación de alcohol y metanfetaminas; con niños declamando, en griego antiguo, la Odisea de Homero, mientras hacen crema catalana desnudos ante las cámaras de un programa de telerrealidad en una plataforma petrolera en llamas.

Luego, venderán sus exclusivas, sus memorias; y, en nuestra decrepitud, lamentaremos la suya.

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