TEORÍA II

Imaginad la escena: Llegas a un vestuario de un club de fútbol. Allí están todos, vestidos de corto y con ganas de potrear por el campo. El entrenador comienza a hablar:

“Sabéis que el fútbol es sacrificio: Todo lo que se consigue es gracias a un esfuerzo que a todos nos merece la pena. Sé que pensáis que el VAR será una buena herramienta. No dudo de que conocéis todas las reglas que rigen este magnífico deporte. Es una obra coral donde cada uno ocupa su lugar y tiene en cuenta a todos sus compañeros: Sabe que el rival cuenta con la misma información; que la genialidad puede ser importante: A veces ocurren milagros. Pero lo más importante, es que sepáis que es un deporte increíble y que nos hace más grande cuanto más comprendemos que somos todos para uno…”

Los chavales, eufóricos, comienzan a gritarse entre ellos para enardecerse. Consignas vuelan desde lo profundo de las gargantas y calientan los músculos antes de salir al campo.

Entonces…

El entrenador dice que a las duchas, que se tienen que ir a casa…

Los chavales, confundidos, le dicen que qué significa eso, que hay un partido que jugar, un equipo que construir, un objetivo que cumplir. Y, el entrenador, les dice pausadamente: “¿No os he contado la teoría y habéis dado prueba de que la comprendéis y compartís? Pues todos a casa.” Y alguno contesta: “¿No se trata de jugar, de vivir, el fútbol?” A lo que responde: “No. Es sólo teoría…”

¿Os suena? Nos bautizan, vamos a catequesis, tomamos la Comunión, la Confirmación… Pero, a la hora de poner carne, se deshincha el globo: Porque el Evangelio es algo para estudiar, para opinar, pero nunca para vivir porque la vida es así: El Evangelio es sólo una bonita teoría. Sus valores son inalcanzables y utópicos.

¡Hala! Todos para casa que, si hay algo real, es una vida desalmada: Un modo de vida llamado Evangelio hecho religión y cumplimiento.

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