¿GANGA O MENA?

Cuanto más lo pienso, mas me convenzo de que trabajar por el Evangelio es lo mejor que se puede hacer. Amar al prójimo como a ti mismo es tan simple en su formulación y comprensión como el icono de la cruz: La mejor marca jamás diseñada. Cualquiera puede reconocerla y cualquiera puede comprender que tratar a la gente como quieres ser tratado anula el principio por el cual “El hombre, un lobo para el hombre, será” (Homo homini lupus erit)

Pues a lo que vamos. Últimamente lo digo mucho: “La mejor manera de desactivar una buena idea es domesticarla”. Vaciar de contenido sus presupuestos y dejarla sólo en la cáscara, en lo evidente; en lo que se forma a partir de su formulación y que es sólo el envoltorio.

Siguiendo en ese presupuesto, la mejor manera de desactivar al Evangelio es presentarlo como una religión: Un conjunto de prácticas pías que han de tener como consecuencia, tras la muerte del creyente, el premio: La vida eterna.

Y todavía me puede salir gente diciendo que no es eso. Que es el encuentro con Jesús de Nazaret el que les impulsa a creer en milagros de la virgen, romerías varias; en, cada año, repetir ejercicios espirituales de diferentes sensibilidades, para reforzar la fe y recargar las baterías.  Por supuesto, habrá diferentes formas de ejercitarse y, naturalmente, serán enfrentadas… Con lo que, el desmantelamiento del Evangelio ya será una realidad y nuestros desguaces, iglesias pulcras plenas de velas e incienso, estarán llenas de fieles de avanzada edad, familiares de los pastorcitos de Belén.

Voy terminando. Con este panorama, constato que se le da primordial importancia a la liturgia. Que no es otra cosa que la puesta en escena de los fijos de la iglesia para mayor gloria de sí mismos dependiendo de la celebración o tiempo litúrgico; una performance muy lejana de la realidad de los laicos. La mayoría de ellos, ya no somos sociológicamente católicos, mira las puertas de las iglesias como garitos extraños, sin contenido ni nada que ofrecer.

¿Qué vale más?: ¿El oro, o el templo que hace sagrado el oro del templo?     

Mateo 23, 17- 20.

Se le da importancia a la ganga, a lo prescindible mientras se devalúa la mena, lo que tiene verdadero valor. Cuanto más mistérico sea el rito, parece ser más sagrado. Cada vez más cercanos a la parafernalia de las películas de magos, con fórmulas en latín para hacer, si cabe, más incomprensible lo que está ocurriendo, hacemos el juego a creyentes orfebres, devotos imagineros, felices fabricantes de velas y alborozados productores de incienso… Y no me olvido de los sastres que visten a los sacerdotes de vestiduras poco prácticas para la vida diaria pero muy generadoras de diferencias y trincheras con el resto de los hijos de Dios.

El Evangelio: ¿Es continente o contenido? ¿Tesoro o cofre? ¿Ganga o mena?

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.