PALABRA

Lo cambia todo. De un valle devastado muta en vergel florido. Sólo hace falta una palabra. Y ocurre.

Y se crea: “Y dijo…” y ocurrió. De la convicción del que habla, de quien pare la palabra oportuna, nace la que alimenta el cambio que crepita bajo la superficie de la realidad y rompe las rocas de la científica certeza, la vítrea textura de la lógica transmutada en lava fría.

La vitalidad que vibra en la silenciosa soledad; pidiendo paso, aullando vientos que hablan de verdades que todos sentimos. Y no podemos decir: Incapaces de formular la realidad que se presenta como irrealizable pues está presa de las leyes que determinan la fungibilidad del ser. Todo es posible.

Pero sólo los presos hablan de libertad. Sienten los tambores antiguos, las auroras boreales que son y fueron, dibujando un imposible lienzo celeste. Y convienen que sólo son sueños.

Una palabra. Una puta palabra y todo cambia.

Y los sueños, no son irrealidades: Son el mapa de la dignidad venidera, la esperanza larvaria en cada partícula subatómica, la luz a punto de dar muerte a la ignorancia.

Abre la boca. Hincha los pulmones. Sé palabra.

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