PEPE O PAPÁ

Cualquiera puede ser padre. Sólo tienes que encontrar una incauta a la que engatusar; y que se deje: Ya está. El hecho físico es así de simplón.

Pero una cosa es ser el que aporta su carga genética y otra bien distinta ser padre. La mayoría de las veces coinciden. Pero no asociaría, en ambos casos, la palabra padre. (considerado en su función protectora y afectiva). Debo reconocer que la frialdad de la RAE es muy útil.

Hay padres que son lo que tienen que ser, afectuosos y protectores, que no comparten la ascendencia genética. Y los hay que ni son afectuosos ni protegen: Son seres que, con el cable que les cuelga, se les otorga el honor de haber preñado a la hembra; pero que nunca serán padres…

Y, cambia el rumbo de la hipótesis, me pregunto cómo un hijo puede ser un padre fantástico, de los de la RAE, y tener un macho humano como padre, asintomático de afectos y emociones, sólo preocupado por invertir el tiempo en joder todo lo que hay a su alrededor.

Me doy cuenta de que es un auténtico milagro. El mal que algunos reciben a través de sus padres es el combustible para ir en el mismo sentido, pero en dirección contraria. Los mensajes cáusticos, tóxicos, están ahí, esperando su oportunidad para salir y arrasar con fuego y sal todo lo bueno que se siembra con tiempo, mucho tiempo; no son amputables: Como la cizaña, crecen con el trigo. Y exigen atención, vigilancia…

Pepe o papá: Es una elección que está a nuestro alcance. Ser el padre putativo de alguien que nada tiene que ver contigo o ser el papá que siempre quise tener.

Aunque queda una tercera opción: Saber que se puede ser Pepe y Papá. Decidirlo. Y vivirlo.

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