ME AVERGÜENZO DE MI RAZA

Pero tela. Me avergüenzo tanto que siento rabia y decepción cuando veo la tele, escucho la radio, leo los periódicos y observo el comportamiento de mis hermanos. Probablemente sea la misma que sienten ellos al verme a mí. Les horrorizarán mis actitudes y mi comportamiento. Pero como buen ser humano, me dedicaré a ver la paja en el ojo ajeno y no me daré cuenta de mi viga doble T .

Empiezo.

Me avergüenzan mis políticos: Todos. Serviles a sus intereses, se esconden bajo un manto de ideología que luego queda bajo el colchón. No vuelve a aparecer, la ideología, porque sólo es una excusa bajo la que esconder el único objetivo que tienen a la hora de proponerse como servidores públicos: El poder y el enriquecimiento; la busca de prebendas que aseguren su económica manutención insultando al resto de cotizantes de la seguridad social. Me dan nauseas cuando veo como unos gobiernos y otros se culpan de los males del país cuando unos y otros son los mismos perros con distinto collar. Ninguno atenta contra lo conseguido por la casta de los políticos en la anterior legislatura. Así el sistema se va haciendo cada vez mayor. Cada vez hay que pagar mayores favores y guardar vergonzosos silencios para no alterar el orden lógico de una subespecie que no produce nada y que se come todo cual Solitaria.

Me avergüenzan los que disfrazan de ideología la violencia. Los que maquillan la falta de valores con una pléyade mitológica de mentiras que los hacen diferentes del resto de los hijos de Eva. Los que hablan de conflicto cuando sólo hay un bando. Los que hablan de humanidad cuando se trata de sí mismos y de sus presos. Los maleducados que creen que pueden hacer lo que quieran al margen de toda ley pero la mentan cuando se trata de conseguir algo para los que, como las cucarachas, sólo se mueven en las sombras y la cobardía del pasamontañas. Cuando portan una pistola o cuando asesinan sin compasión son luchadores pero nunca muestran su rostro porque no hay valor. Me dais pena. Y lo lamento.

Me sorprendo y me fascina la falta de escrúpulos de los banqueros y de todos los que se dedican a mercadear con el pan de sus clientes. Sabiendo que su dios es el dinero, ofician la liturgia del saqueo y el cinismo sin ninguna compasión. Ejercen una violencia brutal desde despachos ausentes de misericordia, pues su dios es inmisericorde, y apisonan la dignidad de los que sostienen el sistema que ellos han instaurado.

A los políticos y todos sus cargos de confianza. A todos los violentos y sus sicarios. A los especuladores y todos sus sacristanes, les deseo lo mejor.

No puedo sentir nada hacia ellos. A pesar de lo dicho anteriormente, lo digo porque lo siento; pero, cuando lo pienso, no soy capaz ni de odiar ni despreciar ni desear nada malo para nadie por cuanto que cada uno da lo que tiene. Todos los citados anteriormente dan lo que tienen creyendo que es lo que tienen que hacer.

Me avergüenzo de mi. Por cuanto que ejerzo la corrupción que detesto, la violencia que me repugna y la falta de escrúpulos.

Porque nada de lo que hoy impera tendría fuerza si yo y la gente como yo vivieran con el valor primigenio que decimos que regula nuestra vida: El Evangelio. Como crisol de todas las actitudes que desprecian al hombre. Es la solución a la falta de dignidad con la que está preñada toda violencia. Como espejo de todas las mentiras; de todos los mentirosos; como altavoz de todos los secretos que han de salir a la luz para dejar de corromper. Como agua pura que da vida allí donde llegue.

 

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.