DESNUDA

Delante del espejo.
Miro.
Y comienzo a decaparme. A quitar todos los escudos bajo los que vive mi piel.
Desvisto mis párpados de sombra, que los hace más profundos y sugieren lo que no soy. Ahora mis ojos están bajo un paraguas blanco. Y sigo.
Desmaquillo mis pestañas, dotadas de gran volumen y cantidad por un producto maravilloso que hace que parezcan legión cuando hay pocas y ni te cuento cuando hay muchas. Durante todo el día y con gran esfuerzo, consigo mantener los ojos entreabiertos; así luzco una mirada arrebatadora y enigmática. Ahora, sin producto y sin enigma, puedo abrir las ventanas del alma para que se oree y entre la luz de la bombilla.
Aplico una crema reafirmante en las bolsas de los ojos. Y en el cuello, bajo el mentón; la vida hace que la gravedad cada vez sea más fuerte. Antes tenía una piel… Qué te voy a contar. Encorseto las colgaduras de mi piel bajo un manto de células madre y euros envasados para llevar a mi piel diez años atrás con diez años más en la conciencia.
Relleno mis arrugas con la argamasa de la eterna juventud insultando todos los amaneceres que dieron profundidad a cada una de ellas.
Borro la pasión roja de mi boca para dejarla en un leve marrón que apenas consigue disimular la férula de descarga que me coloco para no apretar demasiado los dientes mientras duermo. Es la rabia contenida por tener que disfrazar el continente mientras el contenido va envejeciendo sin poder ser maquillado.
Porque, por mucho que lo intente, no hay nada que pueda comprar que devuelva la ilusión a mi alma, las volteretas al corazón, los columpios a la sonrisa. Ilusa de mí que creía que todo se podía comprar: Que podría sortear los espinos del camino yendo descalza cual modelo de anuncio de colonia. Que sería compañera de mi hija en vez de madre…
Y lo peor de todo es que me vendieron la moto de que todo lo anterior era posible. Y yo lo quise creer.
Cuando termino de desnudar mi rostro, no hay reflejo. Mi figura es transparente porque todo lo que sugiero ser bajo la máscara desaparece con el algodón limpiador.
Por eso pinto mis ojos de primavera cuando la mirada es otoño.
Y, con las patas cortas de la mentira, intento huir de mí siendo quien no soy. Vuelvo a ser agua, con su mutante forma, y desaparezco bajo cualquier estúpida forma de moda.

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3 Respuestas

  1. vicente dice:

    Pido a Dios que la agudeza en hacer un análisis “tan sofisticado”, con el idioma y la mentalidad del mundo, nos dé esa misma manera de desarrollo y sutileza en todo lo que se refiere a Dios, con una humildad que grite sin hablar todo eso que Dios nos ha dado para cantar sus maravillas.

    Alguien que sueña como un niño

  2. Judith dice:

    Me parece una aguda crítica al día a día vacío y de envolturas en que hemos convertido la cotidianeidad… Lo comparto con amigas a las que estoy segura que hará mucho bien.

  3. Pablo dice:

    Un análisis precioso y sobre todo con una realidad y crudeza de lo que se vive en esta sociedad, la cual se da mas importancia al envoltorio que a la esencia de cada ser

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