COMIDA RÁPIDA

“Comida preparada y servida en un corto período de tiempo; los alimentos acostumbran a estar previamente procesados y con gran cantidad de conservantes. Realizada con alimentos bajos en nutrientes, muy calóricos y ricos en grasas. En general son comidas listas para ser ingeridas, con un período de conservación muy largo, de precio económico y amplia distribución; todas estas características favorecen su consumo en detrimento de una comida elaborada con productos frescos y más sanos.”

Cuando empecé a pensar en la definición de comida rápida o comida basura, me resultó francamente familiar. Por un instante no sabía si estaba leyendo la definición de una multinacional hamburguesera o de una eucaristía.

Y no es que falte al respeto al sacramento de nuestra fe: Es que hay tantas similitudes que no sabía a dónde mirar para buscar la diferencia. Paso a detallar los puntos en común.

1- “Comida preparada y servida en un corto período de tiempo”. Me sonó familiar porque el comentario que suelo escuchar es que voy a la misa de tal parroquia porque dura menos de veinte minutos. Ese es un sacramento exprés que satisface el hambre de cumplimiento.

2- “Los alimentos acostumbran a estar previamente procesados y con gran cantidad de conservantes”. Es increíble el parecido entre el Mcburguer y la misa, que no eucaristía; Previamente procesados se podría aplicar sin torturar demasiado a las neuronas a la actitud que llevamos cuando pisamos suelo sagrado. Todo es siempre igual y no hay nada que pueda tocar mi impermeabilizado corazón. Y los conservantes de tal actitud los podemos encontrar en que se percibe una mimética actuación en todos los consumidores de sacramento: Serios y ausentes, padecen toda la puesta en escena antes de ir a comer con los suegros.

3- “Realizados con alimentos bajos en nutrientes”. Hay un dicho que puede resumir perfectamente la anterior afirmación: “La misa y el pimiento son de poco alimento” Haciendo un alarde de desconocimiento de que en el pan consagrado está todo un Dios despojado de divinidad para ser tangible en esa forma, nos mofamos de su sacrificio confundiendo continente y contenido.

4- “…precio económico y amplia distribución”. Tan económico que para llevarnos a bien con la deidad y que no se enfaden los espíritus o cualquiera otra percepción infantil del padre de todos, sólo hay que perder entre 25 y 45 minutos del descanso dominical. Lo de la amplia distribución pronto será difícil por la escasez de oficiantes.

5- “Todas estas características favorecen su consumo en detrimento de una comida elaborada con productos frescos y más sanos.” Esta afirmación habla por sí sola. Prepararnos para recibir la proclamación de la Palabra de Dios, reconocer nuestros errores como adultos dispuestos a evolucionar y ser conscientes de que se hace pan quien todo lo puede es algo que necesita su tiempo.

Por todo lo expuesto anteriormente exijo que no haya más recortes. Que la crisis deje de afectar a nuestra fe como virulenta enfermedad condenándola a la adolescencia y la inconsciencia.

Contra el miedo atávico que evidencia la falta de raíces profundas, dos cosillas:

-Anunciemos tu muerte. Proclamemos tu resurrección.

-No somos dignos de que entres en nuestra casa. Pero una palabra tuya, bastará para sanarnos.

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