EPISCOPO

Ha llegado una noticia a la parroquia. Nos viene a visitar nuestro obispo en visita pastoral. Eso quiere decir que todo, desde ahora hasta la bendición de antes de montarse en el coche, gira alrededor de su presencia en la casa del señor (que es la suya). Se nos ha pasado una circular en la que hay una oración especial, un manual para interpretar el conjunto de símbolos que lo distinguen del resto de los mortales y que nos ayudan a no confundirlo con cualquier otro hijo de Dios y unas preguntillas que tenemos que hacer a los niños de catequesis para hacerles conscientes de tan importante evento.
Como dice la tradición, a los obispos, hay que amarlos y respetarlos. También obedecerlos…
No sé. Creo que la vida no se para por el hecho de que alguien venga a visitarnos por muy importante que sea. Por muy bonito que sea el puente, el río sigue fluyendo en su cauce;
Tampoco tiene mucha importancia el hecho de que lleve mitra, báculo, anillo y pectoral. La mitra lo hace más alto, el báculo hace mención a la vara que llevan los pastores y miente sobre el conocimiento que tiene de todas sus ovejas: No creo que sepa nada de las personas que estarán delante de él. Será pastor por definición pero no lo será por acción. Es como el antiguo sujeto omitido: Está pero no se ve. El pectoral hace que el Cristo colgado de la cadena esté más cerca del corazón. Como símbolo es comprensible e interesante. Y el anillo… En fin. Como imagen del amor infinito que representa el círculo, un giro sin fin, es muy sugerente. Pero tengo dudas sobre qué representa.
Y lo más interesante es el hecho de que se le hace personificación magistral por el orden episcopal. Vamos: Que es un maestro. Y no puedo estar de acuerdo.
No lo estoy porque sólo llamo maestro al que lo es: El hijo de Dios que dio su vida por todos sus hermanos. Me resulta escandaloso cómo se da bombo al magisterio de la iglesia, del obispo y del colegio cardenalicio si hace falta. Es una terminología utilizada por la gente que vive dentro: Desconocida para todos los profanos que no han sido ordenados y que ahonda la brecha entre pastor y rebaño.
Una cervecita. Vamos a tomarnos una cervecita y comentemos con el pincho de tortilla delante los problemas de la gente. Sin mitra ni cayado; sin pectoral ni anillo hablaremos de hijo de Dios a hijo de Dios. No habrá magisterio, ni órdenes: Sólo una posibilidad de diálogo en la que no haya diferencias. Así creo que sentiré que aquel que pastorea todo el rebaño de la diócesis es más mi hermano y menos mi maestro. Sea bendición y ternura para todos.

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