DILATADAS

Es a lo que uno se acostumbra. Dependiendo del medio en el que se suele trabajar, así reacciona el cuerpo. Cuando uno tiene sed, se va al grifo, lo abre y, zasca, fluye el líquido elemento. Milagro, oiga, porque en la mayoría del planeta conocido eso, hacer eso, es ciencia ficción. No hay grifos, ni infraestructuras, ni estaciones de bombeo ni nada de esas cosas tan normales.

Que tenemos hambre, pues vamos al frigorífico, o a la despensa y nos servimos cualquier cosa que haya por ahí. Eso, también, pertenece al género fantástico en la mayoría de la roca planetaria conocida porque la gente no tiene cocina ni frigo porque no tienen casa.

Pero no hablemos de cosas desagradables ni lejanas. Hablemos de nuestro país. Dice Obama que nuestro país es muy grande y no lo dejarán caer. Conozco países más grandes que no los dejan caer porque ya están caídos. A los pies de los especuladores que no tienen miramientos a la hora de dejar sin agua o sin posibilidad de casa ni educación a la molesta población que pulula por los territorios en los que ellos hacen guerras por el poder o guerras por los recursos. A esos no hace falta cuidarlos porque son cadáveres de países. Los muertos se encargarán de los muertos y los carroñeros, de lo demás.

Al tema: Como hice mención en el primer párrafo tenemos el cuerpo acostumbrado a lo que tiene. Y, desde luego, el cuerpo místico que formamos los hijos de Dios por el bautismo y los que nos bautizan para ser hijos de Dios, reacciona del mismo modo. Participamos de una situación en la que no buscamos el fin último para el que nos movemos y existimos (Reino de Dios, dignidad para todos y cosas así) Entre liturgias, silencios y crisis se nos va la vida y no ponemos los medios para que todos y cada uno de los hijos de Dios tengan para beber, comer, vivir y creer con la dignidad que quiere Dios para cada uno de sus hijos (Para él todos somos hijos únicos. Es por eso que nos quiere malcriar de esa manera)

Y, ¿porqué dilatadas? Pues porque se me ha venido la imagen de que las pupilas, cuando viven a la luz, están contraídas para que entre la luz necesaria y, así, percibir lo que hay alrededor. Controla perfectamente la apertura y es un mecanismo maravillosamente perfecto. Pero, cuando se vive a oscuras, tenemos la pupila dilatada y cualquier chispita nos parece una gran luz. Tiene la ventaja de que cualquier luz se distingue con rapidez. Pero no es nítida la percepción. Incluso puedes quedar ciego momentáneamente con cualquier breve fogonazo.

Venga.

Un ejercicio de inteligente lucidez.

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