MATADERO

Comemos carne. Recuerdo al hijo de un amigo cuando era pequeño que, cuando era preguntado por su plato favorito, decía “carne, carne” Atrás quedaron generaciones de antecesores que eran el aporte de proteínas de otras especies y que se alimentaban, mayormente, de vegetales e insectos. ¡Qué tiempos! Por aquel entonces, muy entonces, apenas usábamos la materia gris, vivíamos en grupos más o menos organizados y evolucionábamos como podíamos. Los fuertes dominaban a los débiles y, cuando llegaba otro más fuerte, era dominado como cualquier hijo de bípeda.

Como dijo el genio, no hay nada nuevo bajo el sol; los fuertes siguen dominando a los débiles y, cuando se debilitan, compran los favores de otro más fuerte para que no quede títere con cabeza.

Pero, como quería decir desde el principio de la misiva, comemos carne: De primera, de segunda, picada, marinada o al ajillo. También la hay que no es tratada con productos químicos. Esto quiere decir que durante la plácida vida del finado bovino no se le trató con productos químicos las posibles dolencias que tuviera. Campos verdes, mucho sol y largas caminatas aseguran su pureza nutritiva. (Para los que puedan pagar ese tipo de carne). De todas formas, no tienen otro final que un matadero. Un sitio la mar de interesante donde todo lo que entra vivo, sale despellejado. (Menos los empleados, claro, si tienen un buen convenio)

Cuando referimos todo esto a los animales irracionales, nos parece muy desagradable porque es un lugar donde se quita la vida a seres vivos, valga la redundancia, que son monísimos cuando son pequeños; recordemos un cerdito, una ovejita, un ternerito. Yo diría que hasta un dinosaurio, si le ponemos el sufijo –ito, sería mono: Por ejemplo, Velocirraptorcito.

Tonterías aparte, llegan vivos, salen muertos y sirven de alimento a la sociedad que los consume. Parece que estamos hablando de otra cosa, ¿verdad? Para que otros vivan muchos tienen que ser sacrificados, despellejados y clasificados según su origen como carne de primera, blanca; o para picar: Los demás. Podemos maquillar el asunto como mejor convenga a la autoridad competente, pero así va el negocio.

Pero no nos quedemos a medias. Démosle la vuelta al asunto para ver su verdadero significado. Imaginemos por un instante que el ganado fuéramos nosotros. Y ahí vendría la señora cerda a comprar carne y diría exigentona:

-Dame pechuga de hembra. Pero de esa no, que tiene mucha silicona.
-Cuarto y mitad de careta, pero sin bótox, que la última vez estaba que no había manera de meterle el diente.
-Medio de añojo, pero sin esteroides. Que tiene muy buen color, pero luego se queda en nada.

Cuando estamos al otro lado, es cuando apreciamos la diferencia.

Muertos o matadores formamos parte del matadero.

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1 respuesta

  1. Alberto dice:

    Gracias Chito por tus reflexiones, mucha verdad detrás del humor, mucho humor detrás de la verdad…
    Un abrazo

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