REFORMA

¡Qué palabra! Otorga novedad a todo lo que se le aplica de un modo casi mágico. Cuando la usas, parece que es algo totalmente distinto, siendo que es algo que parte de un pasado, que no nace da la nada. Así, si lo aplico a la cocina, es que voy a renovar lo que tengo para que sea mejor, más nueva; Si lo aplicamos a la religión suena a protestante, pero no es más que un intento de evolución sobre lo conocido, esperando que sea mejor que lo anterior. He simplificado mucho, pero reforma (aquello que se propone, proyecta o ejecuta como innovación o mejora en algo) es una práctica muy extendida entre próceres de todo tiempo e ideología. Llegamos a una cuestión controvertida como puede ser la reforma educativa que nos propone nuestro actual gobierno a través de su ministro de educación. Como todos los gobiernos, le meten mano a la educación para dejar una impronta en las mentes y los corazones de todos los educandos. De esa manera serán recordados por el conjunto de conocimientos que los alumnos dejarán de recibir. Porque, a pesar de que se me vende como la octava maravilla del mundo, no deja de ser otro ladrillo en el muro de la ignorancia que entre todos los gobiernos de nuestra joven, perdón, madurilla democracia están construyendo con denodado esfuerzo para su alegría y nuestro desasosiego. Me explico: Desde que la guerra civil pasó de ser una lucha entre hermanos para convertirse en la cruzada contra los rojos, que eran personas malas con ideas extrañas, extranjeras, y en contra de nuestras costumbres patrias, la cosa no ha cambiado demasiado. La lista de los reyes godos era muy importante para el equilibrio cerebral de nuestros hijos. No carentes de mitología, las enseñanzas se practicaban de una forma casi religiosa para que un pensamiento, el pensamiento único, grande y libre, fuera aceptado como el mejor. Bien mirado y con cierta perspectiva, no estaba tan mal. Se daban conocimientos de un modo discutible, pero había conocimientos que tenían referencias a valores que sí tenían que ver con la construcción de la persona en su fuero interno. Probablemente también perseguían el control del vulgo, pero les faltaron cinco o seis lustros más para corromperse lo suficiente. Como en todo tiempo, hubo chorizos, mangantes, asesinos y deslenguados: Los que vivían en pecado, los amancebados y los desviados perseguidos por la ley de vagos y maleantes. Pero, de algún modo, parecía que había algo de sustancia en aquello que se nos enseñaba. Porqué tanto prolegómeno? Porque es difícil no hacerlo cuando ves que, a cada reforma de la educación que nuestros electos gobernantes emprenden, la educación tiene menos de educación y más de vacío. La estrategia, a mi juicio, es sencilla: Vaciar de contenido todo lo que pueda hacer a un hombre libre, para hacerlo cada vez más esclavo del instinto y más incapaz de gestionarse en un acto de independencia. Así, legislatura tras legislatura, vamos ahondando el agujero en el que nos sumen para que los valores que no entran por la puerta, huyan por la ventana. Deslenguados, sin el vocabulario suficiente para decir dos frases seguidas sin tener faltas de ortografía: Incapaces de asumir responsabilidades, rabiosos por no poder conseguir lo que se quiere, mequetrefes que golpean a otros para ganar y ser más fuertes hasta que otro más fuerte lo golpea y lo condena al llanto y rechinar de dientes. Sobadores de entrepierna como gesto de lucha cuando no es más que un gesto que será amputado de la memoria por otro, si cabe, mucho más soez e incomprensible. Niños que se convierten en hombres y mujeres con capacidad de reproducción pero que no han sido capacitados para educarlos porque son sólo eso: Niños que se afeitan y niñas que se depilan. Niños entrados en años que consideran el tiempo en la escuela una pérdida de tiempo (en algunos casos) o un mal necesario que hay que padecer, por parte de los alumnos y que tienen que soportar por su falta de motivación en el caso de los profesores. Maltratadores de madres y padres que no supieron educar y que serán, más tarde, maltratadores de sus mujeres e hijos en una insoportable espiral descendente hacia la nada. Y, con gran estruendo por el aplauso de los gobernantes que no tienen proyecto ni credo ni corazón, el pueblo se va haciendo más débil, más dependiente de la tedeté. Ellos, felices en su Olimpo corrupto, nos venden felicidades durante un mes antes de las elecciones y nos hacen burla desde los despachos cuando han llegan a ellos. Se cumple así un dicho que asusta por su verdad: “Los líderes fuertes hacen pueblos débiles” Pero, por un instante, démosle la vuelta a la tortilla. Si el pueblo fuera educado para ser libre y feliz, como dice mi cuñado Antonio, no necesitaría líderes porque la autogestión y la honradez serían el alimento de la verdad. Los valores ocuparían su cátedra y los políticos no serían necesarios por cuanto que todo lo que se hiciera, estaría supervisado por un pueblo que busca su bien y el de los pueblos de sus alrededores. No se perseguirían las ideologías porque serían madres de ideas que serían discutibles, si: Pero que hablarían de pensamiento libre y discernimiento constante. Yo, en mi preconstitucional educación, abogo por la educación en valores. Por el acompañamiento de los débiles. Por la cercanía con los que no saben. Como yo que soy, quiero la dignidad para todos los hijos de Eva.

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