YIHAD

Ahora que la fidelidad se establece entre usuario y champú anticaspa y no entre personas; ahora que la comunicación se llama Reuter o Al Jazeera y no es un diálogo entre iguales; ahora que la custodia es compartida cuando no se ha sido capaz de compartir el amor y la vida, los fracasos y esfuerzos, las sombras y las luces; Ahora, es ahora cuando me doy cuenta de que no tengo ni idea de nada. No es un gesto de humildad sino de realidad. En mi intento de unificación de lo que me rodea no he comprendido el caleidoscopio que estaba ante mí y me he esforzado en introducir todo el universo en un mundo bueno o malo. Y no es un mundo malo cualquiera: Es el mundo malo que mi realidad mediterránea, latina, consumista y egocéntrica, aparte de apostólica y romana me ha hecho percibir; Y es que soy guay. De éste modo, conceptúo, valoro, enjuicio y maldigo todo lo que se sale de la frontera de mi entendimiento. Como diría la consuegra de mi padre: ¡¡¡Imbécil!!! Soy un imbécil por querer compactar el espacio exterior, con sus millones de galaxias y el interior, con sus partículas subatómicas en un “bueno o malo” incapacitándome para la contaminación de mi alma por otras almas, otras luces, otros amaneceres y otras sombras que nunca vi, nunca soñé. Mi credo me dice, cargado de verdad, que tengo que pasar por la puerta estrecha. Que debo hacerme la guerra, la única guerra que vale la pena, a mi mismo: Para llenar de luz las junturas del alma y del espíritu, las que se separan con una daga. El Evangelio me dice que sólo luchando contra mí, podré ser uno con toda la humanidad. Y yo, idiota de mi, creía que era el hombre más sabio por poseer éste conocimiento. Pero resulta que mis hermanos musulmanes tienen un término muy similar: Yihad. Como en todas las culturas, se ha pervertido y se ha traducido como guerra santa hacia fuera, contra todo lo que no es Islam. Pero, gracias al cielo, a Alá o al Dios de la vida que hace tanto por mí, ayer leí un párrafo por el cual me siento mucho más unido a todos los hermanos que nacieron bajo el signo de la media luna: Yihad es, en su primer significado, el esfuerzo que cada uno tiene que hacer para luchar contra su egoísmo, su orgullo, sus faltas y para ser mejor. Ojalá yo lleve la guerra santa a mi corazón.

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