SOLOS

A no ser que seas mellizo, gemelo o de más múltiple parto, nacemos solos. Después de nueve meses de soledad, nacemos a la existencia más allá del útero. En ese aspecto, las puntas de la vida se parecen mucho. Quien nace eres tú y quien muere, tú. De esa soledad, de ese frío que nos envuelve, el hombre parece huir. Se busca la pertenencia a un grupo, un partido, una religión, donde las penas con pan son menos. Y el pan de la compañía hace que todo sea mucho más llevadero. De esta premisa quiero partir para pensar un ratillo en la debilidad de la soledad. Es un talón de Aquiles habitualmente golpeado por aquellos que quieren influir en nuestras vidas: Para su propio bien. Los padres de la patria, del pensamiento único en cualquiera de las mil facetas que hay a lo largo de la historia, se han encargado de postularse como la solución a los problemas de los pueblos, de los individuos agrupados, para hacer más sencilla la solución. Gracias a este comportamiento se consigue crear una corriente de pensamiento que hace que la importancia del individuo sea relativizada a favor del bien común. Los grandes líderes saben lo que es bueno para el pueblo. Y, la parte del pueblo que no está de acuerdo con las bondades propuestas por los grandes líderes, son ignorados, maltratados o eliminados. Pero si el líder de estos últimos fuera, tiempo después, el que dirigiera los destinos del pueblo, haría lo mismo. El ciclo comenzaría de nuevo. Todo esto me hace pensar que no hay ideología que busque el bien común. Creo que la naturaleza corrupta del hombre toca la materia gris del hombre honrado emponzoñándola en algún momento. Ese momento suele coincidir con la ascensión a algún tipo de poder. Pero, ¿qué es aquello que nos impulsa a despreciar a nuestros semejantes, a éste maltrato entre iguales? ¿Cuándo decidimos no vivir nuestra propia vida creyendo que, en nombre de un bien mayor, debo renunciar a mi propia vida, a mi propia identidad? ¿En qué momento de la historia alguien renunció a su poder para ser garante de la dignidad de todos los hombres? Por todo esto, yo grito en favor de la educación en valores. Cada hijo de Eva construido y consolidado desde dentro, con conciencia de sí mismo. Con la fuerza que confiere la consciencia de que eres uno entre muchos: Pero único y válido. Imagino un pueblo que siente a todos sus hijos como propios, sin exclusiones. Consecuente y responsable dirige sus pasos con honradez y verdad porque el bien de cada individuo trae como consecuencia el bien de todos. Todo lo bueno y todo lo malo, analizado por el conocimiento y la responsabilidad de individuos que se comportan como un cuerpo vivo; de ese modo, la corrupción, la mentira y el populismo son materia para chistes. Los líderes son los que sirven. Esto es: Todos. Así, la soledad se hace más llevadera y las piedras del camino enseñan a todos que hay camino al andar.

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1 respuesta

  1. theophilus dice:

    Quizás uno entre la vida y la muerte deba caminar solo, no encuentro consuelo en el conocimiento, en mi experiencia, mis ideas…el solo hecho de cuestionármelo me hace ser violento.
    ¿Puede que haya una diferencia entre la soledad y el aislamiento?¿puedo estar con todos sin que todos me influyan en mi discernimiento de la realidad, del ahora…del presente? Me educaron para sentir orgullo por el pasado y miedo del futuro, el presente es una continua búsqueda de seguridad y “llegar a ser”. No existe ningún sistema educativo que defienda la educación de seres humanos auténticos, completos…
    Seguiremos caminando

    Theophilus

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