ESTA MIERDA DE VIDA. ESTA VIDA DE MIERDA.

Cuando vas a más entierros que a bautizos, es que ya has pasado los 45 años, o es que vives en un país en guerra. En cualquier caso es un indicador de que la vida siempre campa por sus fueros y nadie escapa a la única lotería en la que, compres o no compres, te toca seguro.

Rechinar de dientes. Ayes y lamentos. Plañir con razón o sin ella. Afligirse por la pérdida de quien ya no está. El infierno de todo lo que no le dije y siempre pospuse para mañana. Porque creía que siempre estaría ahí. Porque estuvo siempre. Y ya no está.

Cabe ahora dar una vuelta al sentido de la vida. ¿De verdad valió la pena tanto sufrimiento, tanto desasosiego? ¿Cuál fue la cara cuando la vida pareció un vía crucis?

Toca pensar en todos los que mueren día a día en camas, sin futuro ni esperanza. Tanta gente que vive en el nicho de la desesperación porque no hay más que una cadena perpetua con nombre terminado en –algia que va a peor cada minuto. Todos los que, cuando miran objetivamente, se dan cuenta de que la vida es bella. Si: Para otros. Porque para muchos fue llevada en andas por la educación que nos instó a sufrir con cristiana compostura los errores que no admitían redención. Otros fueron obligados por la naturaleza a ver desde la barrera cómo se vive cuando tienes todas las posibilidades intactas.

Y aquí estoy, escribiendo una elegía, enjugando las lágrimas que no puedo llorar con palabras…

En este instante pido la paz para todos. Los vivos. Los que quedamos para ver cómo el envoltorio de un ser amado desaparece. Para los que sólo ven en la muerte una salida honrosa a tanta indignidad vestida de ley de dependencia. A los que no quisimos estar cuando pudimos y sólo estamos para alabar al finado. La paz para todos, todos.

Comprensión. Aprender de los errores y no permitir que nadie de los que viven a nuestro alrededor deje de sentir que es digno, que es amado. Que la vida vale la pena ser vivida y que, las que fueron porcentualmente frustrantes, fueron las luminarias de la victoria, los cimientos de la alegría futura. Las semillas de la misericordia.

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