LA VIDA EN BLANCO Y NEGRO

La de cosas que uno llega a recordar que no son, ni mucho menos, verdad. Cuando yo era un niño, había dos cadenas de televisión. No funcionaban todo el día: Era sólo por la tarde y se acababa, la programación, con el himno nacional. Con él se nos recordaba que podíamos dormir tranquilos, que había una patria tras de todos nosotros garantizando nuestro descanso. Ahora que lo pienso, ¡hay que ver cómo trabajaban antaño para grabarnos en el inconsciente que lo que teníamos era lo mejor posible! Nada, fuera del sistema, podría ser mejor.

Hoy, en fulachedé, se nos vende la misma moto. Muestran a través de la televisión nonstop que la vida que tenemos no está tan mal y que no se puede cambiar nada porque, qué se puede esperar fuera de esto. Preñada de vacua estupidez y de cotidianas historias de fin previsible, es como el miedo al mare tenebrosum: Se sigue acojonando al personal con que no hay nada más.

Siguiendo con las 625 líneas, la gente tenía trabajo toda la vida, las calles no tenían apenas coches y una piara de cabras pasaba, de vez en cuando, dejando un reguero de cagarrutas a su paso. Los matrimonios eran para toda la vida. Los maltratos se maquillaban de color carne cuando las mejillas estaban moradas: Pero las delgadas paredes dibujaban grafitis de gritos y golpes. Los pederastas venían de visita y regalaban relojes. A veces, en su casa, enseñaba los dientes poniendo una película de 8mm donde aparecían hombres…

Yo creía que las cosas que aprendía eran eternas. Los veranos eran largos, con sus tardes de playa; bocadillos de merendina y Maruja con su gorro de goma nadando en el mar. Que las bicicletas se arreglaban desmontándolas completamente hasta que te sobraran todas las piezas que no giraban. Y que las rodillas eran los parachoques sangrantes de todas las caídas que nunca necesitaron la antitetánica.

Pero el tiempo, el mismo que se empeñaba a través de todos los estereotipos posibles en grabarme a fuego las lecciones que no siempre eran verdad, me da todos los días la lección que tengo que aprender: Repetida y siempre nueva, la asignatura de que no hay nada escrito.

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1 respuesta

  1. vicentemorales dice:

    “La vida que tenemos no está tan mal, y que no se puede cambiar nada porque”. Seamos sinceros, los que nos creemos inquietos y estamos en la avanzadilla, ¿Qué está cambiando por nosotros? ¿Qué queda de Paz revolucionaria a nuestro paso?

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