CARA O CRUZ

Fluye. Todo fluye. Inexorablemente; el movimiento caracteriza todos los aspectos de la física. Y me estoy refiriendo a la física de verdad, la que todos apreciamos con nuestros sentidos. No es la que se refleja en la ley de los gases perfectos, ni la del movimiento armónico simple: Es aquella que nos afecta en la percepción de la realidad. Y disertaré sobre las relaciones humanas que, como dije en el anterior párrafo, están sometidas a las leyes del flujo, del movimiento. Cada uno de los seres humanos, enraizados en las circunstancias que le vieron nacer, asume como verdades los alimentos primigenios que recibe del medio en el que se desarrolla su infancia y a través de todas las personas influyentes de la familia. Es, en un símil informático, el código fuente que permanece inmutable en lo profundo. Puede o no aflorar posteriormente, pero permanece constante, a lo largo de nuestra vida. Yo postulo que eso es así. Pero añado una variable que, estimo, hace que ese equilibrio se rompa a favor de un radical libre, un factor que puede hacer cambiar todo abriendo un nuevo escenario: Doloroso por desconocido, pero nuevo. Dispuesto a crear espacios de relación capaces de cambiarlo todo. Y es el “ser humano”. Serlo nos hace capaces de lo imprevisible, de la locura que cuestiona la gravidez de la materia a favor del horror al vacío, de la utopía. Por ello, lanzo una moneda al aire; tras la dualidad que manifiesta, puedo advertir la injusticia por la que una de las dos superficies mira a la oscuridad de la superficie sobre la que cae, mientras la otra otea el horizonte. El azar hará que una u otra quede ciega a la realidad que la otra percibe nítidamente, creando una asimétrica situación de desventaja… Ante tal dialéctica situación en la que se acepta la victoria o la derrota de alguna de las partes como algo natural, me niego a hacerlo por defecto. Puede que existan situaciones que así culminen pero, si hay derrota, será de ambos; si victoria, también. Todo conflicto habrá de nacer del propio para así crecer y aportar al natural y evolutivo equilibrio de las relaciones. Poniendo todas las posibilidades en la mesa, ya no quiero jugar a cara o cruz. Prefiero echar a rodar la moneda. Así, en el camino recorrido, podré evaluar la común vida compartida a través de las experiencias percibidas por un todo rodante y sintiente de dos maneras distintas; orígenes, educaciones muchas veces antagónicas y tantas complementarias. Sin el predominio de ninguna de las dos partes, el juego se desarrolla bajo la paridad de una circunferencia que es imagen del equilibrio geométrico, polígono de infinitos lados, relaciones con todas las posibilidades, experiencias; que no cae cuando cesa el movimiento: Quedan, ambos, en pie. No hay cara o cruz: Sólo la unidad de ambas.

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1 respuesta

  1. mariseba dice:

    No creo que esto de la vida vaya en realidad sobre vencedores ni vencidos,pero si desde un caminar paralelo en el que cada uno desde su entendimiento en el vivir sea capaz de aportar a esta sociedad algo positivo,no tenemos porque oscurecer la idea,o punto de vista del otro solo intentar moldear juntos hasta dar sentido a algo como es compartir un espacio…

    Gracias por tu compartir…

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