ADIOS

Se abre el ascensor. Recojo las bolsas de la compra y salgo al descansillo. La puerta parece estar más lejos que otras veces. Tantas que entramos juntos…

Saco las llaves del bolsillo. Lentamente. Y me parece escuchar los muelles que van abriendo la cerradura para volver a donde ya no estás.

Dejo las bolsas en la cocina. Los gritos de los niños de los vecinos me hacen recordar tu fastidio por no poder leer a gusto con tanto ruido. Ruido acompañado por el canto de los canarios del vecino del cuarto que anuncian la primavera.

Sentado en el sillón, miro el vacío de tu sitio y no me lo puedo creer. Mi llanto explota y un silencio de millones de lágrimas abrasa mi corazón.

Como una lija pasan los recuerdos más recientes, dejando paso a un pasado no muy lejano donde había futuro… Ahora lo venidero es la soledad.

No comprendo cómo puede volver la negra sombra de la tristeza a abrazarme de esta manera. Exprime mis ojos hasta no poder cerrarlos, porque duele el oscuro canto de tu imagen ausente.

Me abrazo a tu tacto. A todo cuanto huele a ti sabiendo que tu aroma huye con cada segundo que apuntala mi destierro.

Lejos de ti. Desierto. Seco.

Adiós.

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1 respuesta

  1. vicentemorales dice:

    Cuando caminamos. todo es un encuentro y un adios.

    Así es la vida. Y pronto ocurrirá en quienes en estos momentos puede dolerte más… Pero estar por llegar.

    Ahora solo importa vivir el momento presente, tener la clara conciencia que sobre la marcha nos asaltan situaciones que – al recordarlas, dijimos – hice lo que creí que debía ser… No lo veía claro, y me dolía… pero lo hice

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