CENIZA

A ver si me aclaro. Yo creo que todos buscamos que el sentido de la vida que mueve nuestros actos sea válido, dé cuerpo y tenga suficiente fuerza como para dar coherencia a toda ella, ¿no? Pues claro. Es tan importante que la vida tenga un fundamento ideológico con el cual identificarse y encarnar estéticamente… Porque imagínate que llegara alguien y te demostrara que la vida que estás viviendo no cumple los objetivos que dices, no produce los frutos que siembras y que las reglas que dices seguir son rotas constantemente en base a otras que, dices, son menos importantes: Circunstanciales, llamarían otros; ¡Qué catástrofe! Yo que creía que era pescador de hombres y lo que soy es peón de la industria conservera. Yo, que era constructor del Reino, con los planos muy claros, resulta que soy restaurador de piezas antiguas, de templos, de sillerías y retablos. En gran medida, se da esta graciosísima situación porque uno llega y se propone como idóneo para el cargo. Como andamos escasos de efectivo humano, lo damos todo por válido y, tras un período de fecundo adoctrinamiento, sacamos del horno un hijo de Dios dispuesto a dar manteca, hostias y reprimendas en nombre de Dios. Se le envía a una parroquia y, por ese hecho, ya cree tener la autoridad de aburrir hasta el infinito y reprender hasta el hartazgo. Expende con gran eficacia sacramentos. No importa que la gente no tenga ni idea de porqué un ministro hace esas cosas. Pero, malversando el capital humano y el hambre de la feligresía, pone en manos del Espíritu Santo lo que tendría que hacer él con su vida. Si fuera panadero, lo habrían echado del trabajo por incompetente: Sería como haber echado laca sobre unos piononos. Y bueno: Así llegamos al principio. Siendo profesionales que se suponen válidos, vemos como los frutos no se dan y se siguen utilizando los mismos métodos que esterilizan sistemáticamente el campo que tienen que abonar los que decimos seguir a Cristo. ¿Y si alguien me dijera que lo que hago no sirve? ¿Y si quiero ser alfarero usando grasa de caballo en vez de barro? No cuestiono la buena voluntad. Cuestiono los métodos que hacen que, cada vez más, se apele al integrismo, a la defensa de la forma y no del espíritu que la anima, a la chulería que pasa por encima de la dignidad de las ovejas más pequeñas y que se tapa los ojos ante la falta de frutos del Espíritu: Como si la falta de frutos del Espíritu fuera culpa de los otros: De esa gente tan malvada que no cree en Dios, que ataca constantemente a la Iglesia y que intenta borrar la imagen de Dios de nuestras vidas. De esos grupos que atacan las buenas costumbres, los valores fundamentales y pretenden equiparar los derechos de unos degenerados a los de la gente normal… Esta línea de pensamiento es infantil, por no decir que es de una estupidez infinita: Necia ceguera. Si Dios no está en el mundo, si su presencia sólo se percibe a través de los iconos de santidad que nos mandan desde Roma, todos muertos por supuesto, no es culpa de los que no creen. Si hay que buscar culpables, tendremos que buscar dentro; Porque echar balones fuera es de cobardes, de gente instalada que tenemos donde reclinar la cabeza, que no cuestiona la falta de vida, que ha perdido el amor primero aunque sigamos sufriendo y trabajando en su nombre. Si alguien viniera y me demostrara que mi vida es tan útil como un frigorífico en el Polo Norte, creo que sería el momento en el que debería vestir de sayal, cubrirme de ceniza y pedir que Dios transformase mi corazón. Porque no estaría dándose un ataque contra mi persona: Por mantener mi modo de vida estaría destruyendo cauces de vida, enlaces con el que todo lo puede. Y todo por no ser capaz de reconocer que me he equivocado.

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