TODOS LOS DÍAS

Hoy celebramos el sábado santo. Con la mente en los acontecimientos de ayer y del jueves, los creyentes vivimos la antesala de la buena nueva que es la resurrección de nuestro señor. Otro año más, hemos ajusticiado, mentido, negado al autor de la vida. Esta costumbre comienza a ser un poco desustanciada porque no parece que aprendamos nada. Vuelven los actos, los oficios, las procesiones, las velas y cirios que alumbran con dificultad la noche para dar color a una fe que es más de eventos extraordinarios que de hechos diarios. Por eso me pregunto qué sentido tiene repetir palabras si no comprendemos su significado. Ya sé que la paciencia de Dios es infinita y que cada siembra volverá hecha fruto a su origen cuando haya llegado su momento. Pero no sólo ha de ser una continua lluvia: Tiene que ser aquello que empape nuestro corazón y lo haga de carne. De ese tipo que siente, y, así, crea en el dador de vida. ¡Cómo quiero para mi creer de tal forma que ya no hagan falta actos heroicos ni fuera de lo común para que se haga patente que todo un dios hecho hombre vino a la tierra a asumir las cargas de todos! Ruego, clamo y grito para que sea verdad que soy comida y bebida en tanto es el rey de mi vida. Y que, de ese modo, todos los días, sean el mejor momento para dar a conocer la esperanza que nunca muere: La alegría que no cesa. El amor que todo lo puede.

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1 respuesta

  1. vicente dice:

    Sin palabras. No sé si sabes que esto que anuncias es una de mis preocupaciones, posiblemente la que más me planteo y me tortura.

    Seguimos reflexionando. Cada vez creo más que más merece la pena. Que Dios nos dé Su Luz, la de este tiempo de Resurrección.

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