DUDO

Dicen por ahí que somos lo que comemos. Y creo que, en función de la información que recibimos, ocurre lo mismo.
Según miro los informativos, veo que la noticia que más vende es la identidad. El baile de nacionalismos, liderazgos y mesiánicos mensajes, de libertadores del pueblo, se da con profusión en los telediarios. Y yo, cuando menos, dudo de la verdad de lo que me venden.

Veo cómo el nuevo zar de la madre Rusia intenta recoger bajo sus alas a los polluelos rusohablantes. El vínculo es la lengua. No importa que ya no se recuerde que la unión de repúblicas resultante de la revolución bolchevique no trajo beneficios sociales, ni económicos. ¡¡Hay que restaurar el poder que antaño tuvimos!!: El del miedo, frío y belicoso miedo, que aplastó con siberianos matices cualquier contestación ideológica.

Y qué decir del derecho a decidir tan cacareado en nuestro país. No deja de ser interesante cómo se repite el argumento. Todo será maravilloso cuando vivamos libres del yugo de la constitución extranjera. No se habla en ningún caso de un proyecto, de ideas, de interacción de los opuestos para conseguir un marco de convivencia donde los nacionales y los supuestos oprimidos coexistan: Sólo se vende la moto de que, siendo un país independiente, será mucho mejor; y que seremos más ricos, más poderosos…

Como el cuento de las siete ciudades de Cíbola. Los gobernantes más ineptos pretenden pasar a la historia como los primeros gobernantes de un país libre. Nadie menciona su nefasta gestión ni su inoperancia en todos los ámbitos: Aquellos que verdaderamente interesan a los ciudadanos. Abducida la mente por su liderazgo trascendente, olvidan el valor de la integridad, de la honradez: El precio de los tomates; o del café.

Yo dudo de todo lo que leo y escucho. Me parece mucho más interesante percibir la cantidad de riqueza que aportan todos los habitantes de un país que está formado por gente muy distinta que pueden ayudarse y crecer juntos. Aprendiendo de los errores y procurando el bien común.

Eso es algo indudable.

No soy un analista político. Pero, si aprendo de la historia, un reino dividido es débil. Cuanto más pequeño, fragmentado, más débil.

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