EL HOMBRE MURCIÉGALO

¡Qué vida la de los superhéroes! Llena de peligros y de misterios. Plena de angustias y dicotomías. Pero, ¡cómo recompensa el deber cumplido! Ante toda la sociedad apareces como el que soluciona todos los problemas, aquel que se pone en el pellejo de la gente y es capaz de sentir la injusticia como el que más… Yo creo que los superhéroes son un poquito madre. Se enfrentan a todo sin importarles qué pueda pasar. Su deber nace, como los niños, de las entrañas hacia afuera. Pero, el Hombre Murciégalo, estaba triste. Ese hombre que, durante el día era respetado y odiado a partes iguales por los habitantes de la peligrosa ciudad donde vivía al frente de su empresa, vivía una contradicción vital. Cuando no era el superhombre al que todos admiraban encarnaba una identidad, más oculta si cabe: Con ella ayudaba a superar los malos tragos, las soledades y frustraciones que la vida iba trayendo a los parroquianos. Barman era su nombre. Con su coctelera y su inseparable antifaz, escuchaba y preparaba copas con la misma celeridad que, siendo el Hombre Murciégalo, luchando sin cuartel por alargar el brazo de la justicia allá donde no podía llegar la policía. ¡Pues si que he complicado la trama de la próxima película del Hombre Murciégalo! Como siempre, la realidad supera la ficción: Todo es fachada. Nada importan los contenidos, las ideas, las creencias. No debes, en ningún caso, traspasar la línea que divide lo que es políticamente correcto de lo que no. Las ideas han de vivir ocultas si no son las imperantes. La justicia no puede serlo en tanto que es la herramienta tras la cual el poder se esconde: Suma y sigue la desigualdad, la opresión con una maravillosa sonrisa. La religión se torna un lugar amurallado donde, siguiendo las reglas de la tradición, todo será respeto. El individuo es atropellado en nombre de los siglos y de la caspa acumulada por las pelucas, hechas de pelo natural, de las imágenes de nuestras iglesias. Las cepillamos y punto. Todo ha de ser según lo que se supone. Y nuestro credo habla de un Dios de vivos. Y, como dice la Escritura, “… los vivos son quienes te alaban”. Por ello pido para mi, para los ministros, capellanes y cofrades. A todos los que dicen creer en el Dios de la vida: REFLEXIÓN. Todo lo que no une, divide. Todos los hijos de Dios son dignos. Oremos juntos. Y juntos, los que son apartados por su naturaleza y los que somos respetados por ser “normales”, pediremos al Dios de la vida que no haya ningún rechazo hacia nadie. La casa de Dios es casa de todos. Si no es de todos, no es la casa de Dios. Dedicado a todos mis hermanos homosexuales creyentes. Tenéis que vivir una vida oculta tras la que se esconde un secreto que atesora, en lo profundo, un maravilloso hijo de Dios.

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3 Respuestas

  1. barberanlasoscurasgolondrinas dice:

    AMEN, AMEN Y OTRA VEZ…AMEN!!!!! Es tan difícil sentirse AMADO?????… si todos, los altos y los bajitos los rosas los azules y los morados… los de playa, los d montaña…. nos sintiesemos AMADOS Y AMAMANTADOS por EL … tres cojones nos iba a impprtar la opinion del resto… y de esto se valen muchos q hacen suyo el cortijo (q no casa de Dios)… q malo es el miedo y q a fuego nos lo marcan… el otro dia m contaron d una señora q después de aguantar una vida d maltrato s divorcia… ahora su parroco la niega la comunion…. tocate el moñooooo!!!!!…. q derroche de amor …lo peor es que ella se ha tesignado a no volver a comulgar…”no se vaya a enfadar el Señor”… Falta amor…falta amor… falta amooooor… y sobra mucha palabreria y mucho mercachifle… (barbi dixit)

  2. Francisco Escala dice:

    Grande, hermano. Te siguen en mi fb. Un abrazo, te quiero ( y te veo).

  3. Ana dice:

    “Haz que entendamos, Padre del cielo, que todos somos de tu propiedad
    y que formamos una gran familia en la que nadie se queda atrás. (…)
    Todos unidos en las alegrías, en la esperanza y en el dolor,
    en el camino y en el destino, siguiendo a Cristo como Él nos amó.”
    Inevitablemente me vino la letra-oración de esta canción.

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