ARTROSIS DE PERRO

Esta mañana, mientras tomaba un café, hacía zapping en la variada oferta de basura que tiene nuestra televisión: Refritos, dibujos animados y culebrones nos atenazan e intentan reconducir nuestra atención hacia el insondable vacío catódico que fagocita todo intento de raciocinio. Y ahí estaba yo. Intentando buscar algo que me pudiera entretener. En esto, me encuentro con un programa en el que hay una mascota, más concretamente un perro, que tenía artrosis y había perdido la alegría de vivir llevándose consigo la alegría del dueño.

¡Qué tragedia! Ahí tenemos al pobre perro que no podía caminar. Se observa la cara del dueño y adviertes el dolor que está padeciendo al ver cómo la niña de sus ojos, guau, no puede apenas moverse por los dolores. Comprendo que es el mejor amigo del dueño y que moverá cielo y tierra por devolverle al cánido la movilidad y así dar largos paseos que le ayuden a bajar el colesterol y aumentar la movilidad intestinal.
Dicho y hecho. En una clínica especializadísima intervienen al perro. Todo está bajo control. Colores pastel, enfermera, electrocardiogramas, respiración asistida, cirujano especializado… Luces, cámara: Acción. ¿Se salvará doctor? Por supuesto. Hemos hecho todo lo que estaba en nuestras patas. Perdón: En nuestras manos.
Uff! Ya creía yo que perdíamos al perro. Felices, vemos a la mascota y al mascotero recuperar la mutua felicidad.
No sé qué habría pasado si estuviéramos en Ruanda. Operamos al perro o nos lo comemos. No hombre, que eres un exagerado. Nos comemos al niño que hay hambre y que el perro recupere la felicidad y monde los huesos que sobren.
El mundo al revés. El modo de vida actual ha hecho que haya mejor sanidad para los animales que para los hombres. Que la felicidad de un Homo Sapiens dependa de un Canis Familiaris. Digo yo que acompañan mucho, pero es atroz pensar que los recursos se desvían hacia un sinsentido.
Todo ha de estar en su lugar. Pero no creo que sea de recibo que ésta crisis de valores haga que la injusticia sea la moneda de uso. Es insensato, cruel y absurdo que se vea normal que haya peluquería canina y no haya centros de salud para todos.
A lo que voy, por si no te has dado cuenta, es que la falta de valores nos hace bestias. Y entre bueyes no hay cornadas. Bienaventuradas las bestias porque de ellas es el reino del primer mundo.

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1 respuesta

  1. BENITO dice:

    La palabra clave es felicidad, las demás solo son satélites de este anhelo inacabable de ser felices. Pero me gusta el planteamiento canino del tema. Tal vez sea porque en los perros la felicidad es tan sencilla que solo consiste en estar cerca del amo, osea, de quien te importa.

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