COSAS DE ZOMBIS

¿Te acuerdas cuando éramos más jóvenes, cuando fuimos los mejores?

¡Qué tiempos!

¡Eso era vivir y no lo de hoy en día!

¿Alguna vez habéis escuchado conversaciones con muletas como las anteriores? No hace falta que sean gente con edad de jubilado. De hecho, ya no se usa esa vara de medir, porque como no nos vamos a jubilar nunca: Esa es la vida eterna (esto es, el tiempo necesario de cotización para cobrar una jubilación) proporcionada y gestionada gratuitamente por la crisis (la económica)

Volviendo al tema. Chascarrillos como los que encabezan el presente escrito son absolutamente lamentables. Evidencian la falta de ilusión que desparrama a borbotones el corazón del hablante. Ya no hay alegría, ni búsqueda del futuro. Sólo hay hojas que caen del calendario, análisis de colesterol poniendo la cerca cada vez más pequeña a todo lo que da sabor a la vida y alas al engrosamiento de las paredes arteriales; Evidencian una incapacidad para adaptarse, aprender y evolucionar tras el aprendizaje. Eso, en mi casa, se llama senectud.

Porque lo que anda entrado en años, o falto de ilusión aunque tenga menos de la treintena, es vejez. Esclerosado el corazón y momificada la alegría, nos dedicamos a recordar todos los momentos que vivimos cuando había hambre como para comerse el mundo. Viviendo al vaivén de la vida, como los árboles mecidos por el viento, dejamos de nadar y nos hundimos. Es entonces cuando, aparentando estar vivos, seguimos actuando como si verdaderamente hubiera ideas, sangre, alma…

Como muertos que caminan, como zombis, gastamos las aceras arrastrando los pies. Hasta nuestra sombra tiene miedo de desaparecer. Los escaparates nos devuelven una imagen que no queremos ver. Por eso reptamos mirando hacia abajo. No hay horizonte. Sólo la gravedad que atrae mi cara hacia el suelo.

Todos los que, sentados en el banco del parque y damos de comer a las palomas mientras escuchamos su arrullo, arrugamos el ceño intentando recordar qué era la luz, qué el amor, la ilusión: Inspiramos el aire que nos rodea y, haciendo un esfuerzo, contamos nuestra batalla, nuestra victoria sobre la muerte que es epitafio escrito tras la puerta que cierro con la pierna… Allí me asomo a la ventana donde otros venden sus cuentos…

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2 Respuestas

  1. Auduco dice:

    Leyendo tu escrito recordaba esas palabras de Isaías: “Se cansan los jóvenes, se fatigan, tropiezan los valientes y vacilan. Pero a los que esperan al Señor les salen alas como de águila: corren sin cansarse, marchan sin fatigarse”.
    Es la clave de la eterna juventud: esperar solo en el Señor. Entonces, ni los años ni la enfermedad ni el sufrimiento podrán acabar con la fortaleza del espíritu, la que rejuvenece cada día.

  2. Alfonso dice:

    El grito del hombre ante el paso del tiempo y el temor que eso le produce se traduce en “cualquier tiempo pasado nos parece mejor”, pero no deja de ser eso, temor a lo desconocido, que es lo próximo por vivir…

    Otro tema sería preocuparnos por tener demasiado tiempo libre para sentarnos en un parque…teniendo tanto por hacer.

    Y a todo esto…que hacía yo por aquí?…Voy a hacer algo productivo!

    Abrazos hermanito.

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